Columnistas

Las Herencias del Nueve Once
Autor: Rafael Bravo
13 de Septiembre de 2013


Se dice que el tiempo se encarga de sanar las heridas. Han pasado una docena de años desde cuando el terrorismo se ensañó con los Estados Unidos y el dolor sigue tan vivo como si fuera hoy. Quizás tratando de no olvidar a las víctimas y sus familias

Se dice que el tiempo se encarga de sanar las heridas. Han pasado una docena de años desde cuando el terrorismo se ensañó con los Estados Unidos y el dolor sigue tan vivo como si fuera hoy. Quizás tratando de no olvidar a las víctimas y sus familias cada 11 de septiembre, Ground Zero, Pensilvania y Washington son el escenario de recordación obligatoria de los más de 3 mil vilmente sacrificados. Aunque Bin Laden esté muerto su herencia maldita sigue expandiéndose por el mundo e influyendo significativamente en la política interior y exterior de Estados Unidos y Europa.


El nueve once ha provocado un derrumbe de las libertades individuales, socavado los valores democráticos y generado un pánico entre la gente ante la amenaza de atentados. Montarse en un avión sin exponerse al escrutinio se convirtió en un rito inadmisible en otras épocas. La utilización de un teléfono celular es motivo de indagación. Los servicios de inteligencia invaden la otrora esfera privada sin que nadie se los prohíba. Ya Snowden nos hizo saber que somos fuente de información que luego es almacenada digitalmente y  utilizada como evidencia. 


Hay consenso en que la columna vertebral de Al Qaeda ha sido golpeada duramente, pero el fantasma Bin Laden se sigue paseando por el Medio Oriente. La interceptación hecha a varios reductos de ese grupo obligo a cerrar 20 embajadas norteamericanas el pasado mes, sustituyendo el temor a la guerra nuclear durante la guerra fría por el del terrorismo como el factor que determina la política internacional. En la cuna de la democracia se acude a métodos antidemocráticos como excusa para combatir a los herederos de Bin Laden.


Siria que ha ocupado todos los titulares en la última semana sirve para reiterar el escepticismo que invade a los norteamericanos a la hora de involucrarse en un conflicto cuyos efectos nadie sabe con certeza medir. Bien lo expresó el presidente Obama en su alocución aceptando que hay opositores buenos y opositores malos, en alusión a los grupos rebeldes aliados con Al Qaeda. La gran duda filosófica es si vale la pena seguir en el papel de conciencia moral y gendarme del mundo agitando un avispero islámico con intenciones terroristas.


Por otra parte, los costos en que ha incurrido Estados Unidos en la lucha antiterrorista no solo son muy altos sino que parecen ir en ascenso. Ese el precio que tienen que pagar los contribuyentes estadinenses para sentirse seguros y protegidos. La guerra en Afganistán que ha sido el centro de combate a Al Qaeda y los talibanes ya supera los 650 mil millones de dólares. Anualmente se gastan 17 mil millones en lo que se denomina ‘’fondos clasificados’’ para combatir el terrorismo a través de actividades de inteligencia. La creación del Departamento de Seguridad Interna durante la administración Bush como ancla para enfrentar la amenaza terrorista tuvo en el 2012 un presupuesto cercano a los 50 mil millones de dólares. 


Los Estados Unidos debieran reconocer que décadas de intervención en el Medio Oriente motivaron a Osama y sus seguidores a cometer los horrendos hechos en el 2011. Repetir la historia esta vez en Siria podría terminar en tragedia. Y quien lo creyera. Rusia lanzándole una tabla de salvación a Obama en su indecisión frente a Siria. Que la ONU cual perro sin dientes sea capaz de obligar a Al-Assad a entregar el arsenal químico es la gran pregunta. O que el carnicero de Damasco nuevamente tenga la osadía de burlar a la comunidad internacional seria la justificación para una acción militar de carácter multinacional.