Columnistas

El Estado de conmoción interior
Autor: Jaime Tobon Villegas
11 de Septiembre de 2013


De conformidad con el paro que viene padeciendo el país en todos los sectores del campo y en vista de la gravedad de la situación hasta la noche de ayer, tenía la idea de sugerir, de acuerdo con al artículo 213 de la Constitución Nacional...

De conformidad con el paro que viene padeciendo el país en todos los sectores del campo y en vista de la gravedad de la situación hasta la noche de ayer, tenía la idea de sugerir, de acuerdo con al artículo 213 de la Constitución Nacional, el Presidente de la República con la firma de todos los ministros puede declarar el Estado de Conmoción Interior que, como en este caso, cuando se cause  “grave perturbación del orden público, que atente de manera inminente contra la estabilidad institucional, la seguridad del Estado, o la convivencia ciudadana” decretarlo en toda la República o parte de ella. Sin embargo, me parece que hoy, de acuerdo con lo acontecido en Tunja anoche y la reunión de hoy en Palacio con los gremios de la producción, da la impresión de que estamos en vía de levantar el paro. Ojalá que así sea, pero ahí está la Constitución para echarle mano en caso necesario.


Con motivo de los atentados de los días anteriores en muchas ciudades del país, ataques a la fuerza pública, destrozos de bienes, cuyas cuantías no se han avaluado, pero el señor Presidente ordenó poner las denuncias respectivas y da la impresión de que el Estado atenderá esas pérdidas. Según el Ministro de Defensa todos los destrozos y delitos consiguientes han sido provocados por los terroristas y vándalos de las Farc y, en consecuencia, el Gobierno debiera suspender las conversaciones en La Habana mientras se reestablece el orden público completo. Hay una gran contradicción entre las conversaciones burocráticas en Cuba con los autores intelectuales y materiales de la violencia, y aquí sus seguidores destruyendo las Instituciones, vidas y bienes de la sociedad expectante. Es más, la policía debiera capturar a todos los encapuchados que es la práctica de las Farc, cuando se introduce en las Universidades. Nuestros campesinos nunca esconden la cara para sus reclamaciones.


Finalmente, y ante la petición de todos los gremios de los sectores agrícola y pecuario, como arroceros, lecheros, paperos, porcicultores, avicultores, paneleros, maiceros, y en fin todos los productores de artículos alimenticios de hortalizas de granos, frutas flores, etc., en la reunión de Palacio convinieron en crear una Comisión  para estudiar de fondo el problema. Aquí me atrevo a proponer que no es untar la mermelada al pan, sino conseguir los recursos para producir el pan y la mermelada. Es decir, crear un Fondo de Desarrollo Rural siquiera con el 2.5% del presupuesto nacional, vale decir un fondo por lo menos de 5 billones de pesos (sobre 200 billones del presupuesto nacional), para cancelar la deuda que la sociedad colombiana tiene hace 4 siglos con el campo y los campesinos que habitan el territorio colombiano. 


El campo y los campesinos han suministrado durante toda la historia la alimentación de la población en más del 90% de sus consumos; todas las materias primas para las manufacturas nacionales; y todos los productos de exportación que producen las divisas que el país requiere para su progreso y desarrollo. Corrijamos tamaña injusticia, en esta oportunidad bajo la dirección de los gremios del agro orientados por la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).