Columnistas

Ponernos de acuerdo sobre lo fundamental
Autor: Luis Fernando Múnera López
9 de Septiembre de 2013


¿Qué clase de liderazgo tiene Colombia, tanto en el Gobierno como en el sector privado?

¿Qué clase de liderazgo tiene Colombia, tanto en el Gobierno como en el sector privado? Si se mira desde los resultados, es un liderazgo que persigue beneficios de corto plazo, restringidos a algunos sectores de la población, en lugar de buscar atender los asuntos verdaderamente trascendentales de beneficio general.


Los colombianos gastamos tiempo y esfuerzo enormes en asuntos banales y disputas insulsas, en lugar de trabajar cohesionados. Álvaro Gómez Hurtado nos proponía hace varias décadas “ponernos de acuerdo sobre lo fundamental”.


¿Cuáles son hoy las prioridades? Colombia debe dedicarse a mejorar la equidad social, la productividad nacional y la educación si quiere orientarse al desarrollo verdadero, aquél que incrementa el bienestar para todos y no sólo para los privilegiados.


Colombia es uno de los países que adolecen de mayor inequidad social en el planeta, a pesar de su buena situación económica general. Según el Banco Mundial, el índice de Gini de Colombia es 56,7, mientras que el de los países más inequitativos está alrededor de 60. Somos uno de los países socialmente más injustos del planeta.


Esta realidad se hizo visible en las últimas semanas con la protesta justa de los campesinos en varias zonas del país, que desembocó en el nocivo paro agrario nacional. Ese paro duró varios días, causó muertes y grandes traumatismos. No se entiende por qué el Gobierno le dio un manejo tan torpe, pues el asunto agrario está en la agenda de la negociación de paz de La Habana y ya hubo acuerdo sobre él.


Los campesinos presentaron un pliego de peticiones razonable, en el cual piden cosas tan elementales como protección a la producción de alimentos, propiedad de la tierra, reconocimiento a la territorialidad del campesino, garantías para sus derechos políticos e inversión rural en educación, salud, vivienda, servicios públicos y vías. Se quejan de que su problemática es conocida desde hace muchos años sin que haya sido atendida. 


La situación de inequidad en las ciudades es, en esencia, igual a la rural. El índice Gini de Medellín es 60, lo cual significa que una ciudad rica como la nuestra adolece de una injusticia social comparable a la de Haití, aunque para muchos no sea evidente.


El segundo punto fundamental es la baja productividad nacional. Un síntoma de ello es el bajo valor agregado que poseen nuestros productos de exportación. De acuerdo con los informes de Proexport, en 2012 Colombia exportó 60 mil millones de dólares (unos 115 billones de pesos). Pero de ellos apenas US$13 mil millones, el 22 %, correspondieron a manufacturas o servicios que tenían algún valor agregado. El 78 % del total de esas exportaciones fueron productos minerales y agropecuarios “crudos” que tuvieron muy poco proceso adicional. Agréguese que los minerales son riqueza nacional no renovable. Entre éstos últimos se destacó la exportación de petróleo, que alcanzó unos 32 mil millones de dólares, el 53 % del total. El café, que tiene importante impacto social, apenas representó el 3 % de las exportaciones.


El tercer frente fundamental es la educación. A ella dedican sus mayores esfuerzos tanto los países globalizados como los emergentes, con énfasis en la calidad y en la capacidad productiva de los futuros profesionales. Nosotros creemos que hicimos la tarea porque hemos crecido la cobertura de la educación. Pero estamos lejos de tener los niveles de calidad y de énfasis que necesitamos.


Los políticos piensan y definen en plazos de políticos. Los empresarios piensan y definen en función de su rentabilidad. El país necesita pensar en el largo plazo y definir en función de sus verdaderas prioridades. Y actuar cohesionado. Si sus líderes naturales no lo asumen, el liderazgo que se requiere deberá nacer de la sociedad civil. O nunca estaremos en la vía del desarrollo.