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No hay profesor millonario
Autor: Carlos Cadena Gaitán
9 de Septiembre de 2013


Según las recientes discusiones en Colombia, yo me mantengo haciendo algo que no me llevará a ser rico: investigar.

Según las recientes discusiones en Colombia, yo me mantengo haciendo algo que no me llevará a ser rico: investigar. 


Peor aún, después de décadas entre libros, artículos rechazados, altas deudas financieras y críticas ácidas de mis supervisores en varios continentes, ¿sabe qué me sueño para el futuro? ¿se imagina que quiero ser? Sueño con llegar a ser profesor. ¿¡Profesor en Colombia!? Si, un profesor que genere nuevo conocimiento, inspire a sus alumnos a enamorarse de los datos, y le aporte más al entorno de lo yo mismo demande –día a día– de él. 


Pero la verdad sea dicha, usted se sienta a ver la cantidad de investigadores per cápita en el mundo, y se le retuerce el corazón cuando entiende la posición de Colombia. Según la Unesco, nuestro país está en el rango más bajo posible entre todos los países del mundo, con 126 investigadores por millón de habitantes. Miedoso pensar que en Finlandia ese número corresponde a 7707, pero tampoco me pregunte por Brasil, Chile y Argentina en nuestro vecindario, porque ya usted se debe imaginar la respuesta.


No fue tan malo que la nueva directora de Colciencias pronunciara esa fatídica frase: “el que quiera hacerse rico que no se dedique a ser investigador o profesor universitario” (nota: para saber cómo volverse rico rápidamente, lea mi anterior columna: ‘Decrecimiento: la clave para volverse rico’, 26 de agosto de 2013). Al principio fue doloroso digerir esas palabras, pero un par de horas después de publicada la entrevista, la tristeza se convirtió en alegría. Una docena de investigadores colombianos le ganaron al diablo de la tentación, y en vez de sentarse a criticar, se organizaron para armar una respuesta contundente y con evidencia. En la versión digital de esta columna, puede leer la respuesta aquí.


El grupo creció como espuma, y logró lo impensable. Unir investigadores colombianos regados por el mundo (y muchos otros desde Colombia), con un único fin: dejar atrás los celos profesionales e intereses particulares, para resaltar, reformar y rescatar la ciencia de nuestro país


Obviamente, la combinación de talentos de este grupo es capaz de ofrecer soluciones reales a la crisis. El investigador Eduardo Rubiano, uno de los miembros de ese grupo me recuerda algo crucial: en el fondo, ciencia y tecnología debe convertirse en un interés estratégico nacional. Por su lado, el investigador Jaime Pulido me describe 3 puntos breves que están en la mente de todos los investigadores del país: (1) todavía hay pocas instituciones que se dedican a la investigación científica; (2) se debe arreglar el sistema de regalías y fortalecer a Colciencias; y (3) el gobierno debe empezar a promover el uso de criterios científicos en sus prácticas de gobierno.


Los recientes cambios en la dirección de Colciencias son sólo la punta del iceberg de un sistema de ciencia y tecnología, que ha estado capturado por las garras de la politiquería por décadas. Sin embargo, ahora este grupo de miles de científicos –que no investigan para hacerse ricos– se convirtió ya en un sólido interlocutor ante las autoridades. “Queremos ser considerados como un activo del país; podemos generar grupos de trabajo y atraer recursos de investigación”, dice Esteban García, quien investiga nanomateriales para la producción de baterías de litio; “somos propositivos y no reaccionistas”, me recuerda.


Gracias directora Arias por unirnos, ahora nos corresponde a nosotros ayudarle a usted para rescatar la ciencia colombiana.


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