Columnistas

La trampa siria
Autor: Rafael Bravo
6 de Septiembre de 2013


Siria es la nueva hoguera que tiene al mundo en ascuas.

Siria es la nueva hoguera que tiene al mundo en ascuas. El sátrapa Bashar Al-Assad aferrado al poder con un apoyo interno cuya fuerza está por verse y el respaldo de Irán y Hezbola ha decidido gasear a la población indefensa que se encuentra en medio del fuego. El conflicto se salió de madre y nadie excepto Estados Unidos y Francia muestran su disposición a una acción militar de consecuencias desconocidas. No importa que ya sean más de 100 mil muertos y 2 millones los refugiados. A su vez, el pueblo norteamericano harto de guerras se opone mayoritariamente a una intervención cualquiera su alcance y magnitud.


Triste que algunos sectores políticos y de opinión sostengan que el imperio no ‘’tiene ningún interés en Siria’’. El imaginario es que el petróleo ya dejó de ser el atractivo para invadir a otros países pues la producción norteamericana va camino a la independencia energética. Entretanto, se oyen voces de rechazo frente a posibles represalias pero nadie más en el mundo asume un liderazgo que ponga límites a tiranos de la calaña de Al-Assad. Y después se rasgan las vestiduras preguntándose por que los Estados Unidos hacen el papel de policía orbital.


Barack Obama está pagando un precio muy alto a sus improvisadas palabras ‘’ el uso de armas químicas es la línea roja’’. Eso lo dijo hace un año y ahora que los expertos de la ONU parecen confirmar el asunto, le pasa el hierro caliente al congreso para que al menos ello no sea de su exclusiva responsabilidad. Irónico que sea John McCain ( el rival en las elecciones del 2008 ) y su inseparable carnal Lindsey Graham, los nuevos halcones de la guerra quienes funjan de legitimadores del mensaje. Resulta además paradójico que el receptor de un Premio Nobel de Paz sea el mismo que ahora se embarque en una aventura militar. 


La misma lógica se aplica a John Kerry un sesudo y experimentado congresista que al igual que Obama siempre mostraron escepticismo a la hora de disparar. Ahora como jefe de la diplomacia norteamericana le toca capotear los bandazos de su jefe, quien en más de una ocasión se muestra dubitativo sobre la ruta a seguir en Siria, así como se ha visto obligado a enfrentar las contradicciones de política exterior de la administración. 


Durante la sesión celebrada en el senado norteamericano, el Secretario de Estado quiso justificar una intervención militar como una obligación moral y la mejor forma de debilitar al régimen sirio. Según Kerry la inacción lleva a escenarios más peligrosos y potencialmente serios. De acuerdo con el esbozo del plan habría operaciones aéreas con misiles en un lapso de 60 días. A todas estas el Consejo de Seguridad de la ONU no ha dado el aval pues el poder de veto que ejercen China y Rusia impide cualquier resolución. Tampoco sorprende a nadie que Al-Asad compra el tiempo necesario para hacer movimientos estratégicos de armas y equipo militar poniendo a la población civil como escudo para luego culpar a los Estados Unidos de un genocidio colectivo.


Entretanto, la tensión aumenta con un Putin amenazante y agresivo pues sus intereses militares en Siria están en juego. Podría ser que la reunión del G20 en San Petersburgo arroje alguna luz para una salida diplomática. Lo mismo puede decirse de Irán que de contera recibe los efectos de la conflagración y lo que se ve venir en el futuro por su insistencia en el programa nuclear al que se han opuesto Israel y Occidente.