Editorial

La ruta de nuestro futuro
Autor: Alvaro T. López
3 de Septiembre de 2013


En este país la impunidad nos está acabando. Los que pasamos por la Universidad de Antioquia, sabemos que lo de las infiltraciones en las marchas y manifestaciones, no es tan cierto

En este país la impunidad nos está acabando. Los que pasamos por la Universidad de Antioquia, sabemos que lo de las infiltraciones en las marchas y manifestaciones, no es tan cierto: siempre ha habido hilos manejados desde adentro que determinan ciertos movimientos y acciones que atentan contra la vida y los bienes de la comunidad. En cierta forma, la universidad pública se volvió un santuario de grupos que se autoproclaman de izquierda, pero que de política ni entienden ni tienen nada. Son una jauría furiosa, resentida y malintencionada que ni siquiera da la cara. Tradicionalmente se han atrincherado en la academia, estos individuos, para dañar a la vez que mantienen su estatus económico, para luego salir como eméritos merecedores de todos los honores.


Urge que los estudiantes universitarios asuman su rol de futuros manejadores del país. Que entiendan que su conducta no puede ser la de destructores del patrimonio colectivo, ni de encubridores, ni de testigos mudos y atemorizados del vandalismo de los demás. El efecto académico esperado por los colombianos es el debate lúcido y constructivo que nos permita superar, y en ningún caso acciones demenciales como la destrucción del edificio donde funciona el proyecto de Ruta N, ideado como un complemento a la labor investigativa, con la proyección de servir de nexo e imán de la inversión privada, aterrizando la investigación universitaria y abriendo las posibilidades que el actual sistema ha negado a los futuros egresados. 


Ruta N es una esperanza en medio de la árida concepción de la universidad autista, vehículo de una academia socialmente inane y desarticulada. De alguna manera es un elemento validador de los conocimientos impartidos en la educación superior y constitutivo de las nuevas tendencias en materia de saberes. El esfuerzo de la municipalidad se integra al sentimiento innovador que, como necesidad histórica, se ha venido apoderando de los medellinenses. Su origen y pertenencia hacen de su realidad una oportunidad única para demostrar la certeza de la tan famosa enjundia paisa. Proyectos como éste, son los que nos retratan ante el mundo como una ciudad que se reinventa cada día, que no se amilana ante las adversidades, que sigue siendo una esperanza para todos.


Pero, ¿Quién destruyó el edificio de Ruta N? si bien es cierto que hubo una dosis de ingenuidad que llevó a creer que se consideraba un bien sagrado, no hay ningún argumento o hecho que explique o justifique el vandalismo del pasado jueves. Sería importante que la inteligencia de nuestras fuerzas militares, de policía y judiciales, fuera más allá del llamado cartel de los vándalos. Debe establecerse  qué hay detrás de esto, pues es muy posible que no se trate solo de una piedra o una bala contra las vidrieras de Ruta N. El plantón del día siguiente sirve para que la gente se apodere de lo que nos pertenece a todos, pero hay que desentrañar las verdaderas causas de los daños y, sobre todo, individualizar y penalizar las autorías intelectuales.