Columnistas

Tapón del Darién y carretera panamericana
Autor: José Maria Bravo
30 de Agosto de 2013


En representación de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos, presenté en octubre de 1.990 con el ingeniero Guillermo Gaviria Echeverri, un trabajo sobre el Tapón del Darién, tema de actualidad permanente

En representación de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos, presenté en octubre de 1.990 con el ingeniero Guillermo Gaviria Echeverri, un trabajo sobre el Tapón del Darién, tema de actualidad permanente, para ser considerando en las sesiones del XX Congreso Nacional de Ingeniería celebrado en Medellín.


Anotábamos que nuestros antecesores no se preguntaron si se podían hacer las cosas, sino que arrancaron a construirlas. Al hacer el repaso de las obras concebidas con criterio nacional, puede decirse que fueron ejecutadas con recursos menores y problemas mayores, con relación a la capacidad técnica y económica que ahora tiene el país. A nuestros antecesores les cabía el país en la cabeza. 


A nivel internacional, el antecesor del proyecto de carretera Panamericana fue el ferrocarril Intercontinental, con muchos antecedentes. En 1.893, el Congreso norteamericano envió una comisión del ejército para estudiarlo, concebido como sistema férreo que iría desde Canadá hasta el extremo sur de América. 


Con esa función, los comisionados cruzaron ese año el Valle del Bajo Atrato estudiando la posibilidad de su construcción, y llegaron a la conclusión de que se podía hacer, cruzando por la parte baja de la zona del Atrato.


Parte del informe que presentaron sobre esa exploración fue: “De lo que precede se inferirá con razón que la Ciénaga del Atrato no es un pantano o lodazal común, hay allí en verdad una mezcla considerable de arena y arcilla. Es de hecho una llanura extensa de manga tiesa y lodo, construida sobre capas delgadas… la conclusión a la que conducen nuestras indagaciones, es que puede llevarse un ferrocarril a través del llano del Atrato cerca de Riosucio sin peligro de inundación, ripios, ni barreduras flotantes…Los rasgos característicos del paso del Río Atrato son 1.200 pies de anchura…”


 Desde 1.893, personas de la más alta calificación, consideraban factible construir un ferrocarril por esta zona. 


Durante las sesiones del VI Congreso Panamericano de Carreteras celebrado en la ciudad de Caracas en 1.954, se creó en Colombia el mito de que era imposible construir una carretera atravesando el valle del bajo Atrato. 


En esos congresos se originó una visión nueva de los sistemas de transporte terrestre, con el sistema carretera sobre el sistema férreo. Hasta 1.954 se habían celebrado cinco congresos que buscaban impulsar la construcción de la conexión vial a lo largo de las Américas.


Ese año se rompió una especie que  suponía que la conexión de la carretera Panamericana en Colombia, sería utilizando la carretera al mar en territorio Antioqueño, relativamente cerca a la frontera con Panamá.


La carretera había sido construida a partir de 1.923, y se había terminado prácticamente alrededor de 1.953; antes del congreso de 1.954 ya era conocido el avance de esta vía.


En 1.954, durante el gobierno del General Rojas Pinilla, la delegación Colombiana presentó al Congreso de carreteras un mapa, que tenía la característica de que pretendiendo llenar todo el territorio colombiano con las redes de carreteras existentes en esa época, mostraba que en la zona oeste prácticamente no existía infraestructura vial, se presentaba un vacío total.


La tesis oficial del Gobierno Colombiano fue: que la localización de la carretera Panamericana arrancara de la frontera Panameña, buscara el Océano Pacífico cruzando por el Istmo de San Pablo para entrar al interior del país, cruzando por la ciudad de Manizales para llegar hasta Bogotá.


Es sintomático ver como hay recurrencia en esas cosas; el mapa que acompañó el informe del Ministro de Obras, Segovia Salas, indicaba la misma tendencia cuando él presentó ese mapa como Colombia 2.000. Se destaca un vacío total en el occidente y noroccidente de Colombia, como si allí no existieran vías de comunicación ni necesidad de las mismas.


El pasado nos interroga sobre como pasa el tiempo…