Columnistas

Habeas cédula
Autor: Sergio Prada
29 de Agosto de 2013


En estos días nos estamos enterando quien tiene en sus bases de datos nuestra información privada.

En estos días nos estamos enterando quien tiene en sus bases de datos nuestra información privada. Llegan correos electrónicos anunciando políticas de privacidad y de uso de la información por parte de múltiples entidades. Nos aseguran que tenemos derecho a verificar, rectificar y remover nuestros datos. Todo esto gracias a la ley Habeas Data que rige en Colombia desde 2012. Habeas data significa, palabras mas palabras menos, que “Usted es el dueño de la información”, no ellos. Olvidó sin embargo el legislador regular el dato más importante de todos: la cédula de ciudadanía.


Como el jingle de algún comercial de televisión, en este país piden la cédula en todas partes: los almacenes comerciales, los supermercados, la portería de un edificio, la portería de una entidad pública, la droguería, la serviteca, la tienda de la esquina, el banco. A diario, miles de personas entregan a completos extraños el dato más importante, aquel que permite la identificación única, aquel que abre la llave a uno de los delitos mas temidos en el mundo desarrollado: el robo de identidad.


Lo que es peor aún, a diario, al usar nuestras tarjetas de crédito o debito, nos exigen que además de dar nuestro número de cédula, entreguemos nuestra firma y el número de teléfono. Se pregunta uno con semejante ligereza en el manejo de la información privada ¿por qué en este país el delito del robo de identidad no es rampante? Quizá el grado de educación de nuestros ladrones aun no da, pero seguro les estamos abonando un terreno ya de por si muy fértil, que pronto será un problema de marca mayor.


La gravedad de la situación no para ahí, lo que es seguramente una buena intención, esta empeorando las cosas. Gracias a las iniciativas de gobierno en línea, hoy por hoy con solo el número de cédula, cualquiera puede consultar datos tan importantes y tan privados como la historia laboral y de cotizaciones al sistema de seguridad social, los antecedentes judiciales, el puesto de votación, todo lo relacionado con la licencia de conducción, y muchos más. Ni que hablar de lo que se puede lograr usando dos datos, por ejemplo, la cédula y el numero de placa de un carro. Con estos se consigue en línea toda la información de la tarjeta de propiedad, del Soat, y otros como los gravámenes a la propiedad. 


El legislador y el ejecutivo, no deberían esperar a que un escandalo mediático los obligue a actuar. Tres cosas podrían hacerse inmediatamente. Primero limitar o incluso eliminar el acceso a la información antes mencionada que esta disponible vía internet. Segundo, autorizar solo a aquellos que tengan la capacidad de garantizar la seguridad de un dato tan sensible como este para requerirlo. Y tercero, prohibir que los vouchers de tarjeta de crédito requieran firma, cédula y teléfono.