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緿iscernir los principios?
Autor: Hern醤 Mira
28 de Agosto de 2013


Los principios tienen que ser discernidos en cada situaci髇, dijo el P. Adolfo Nicol醩, superior general de los jesuitas en el excelente VIII Congreso Mundial de exalumnos jesuitas que acaba de pasar.

Los principios tienen que ser discernidos en cada situación, dijo el P. Adolfo Nicolás, superior general de los jesuitas en el excelente VIII Congreso Mundial de exalumnos jesuitas que acaba de pasar. Y agregó, para ser más contundente, principios absolutos son muy pocos, tal vez el único es no matar al otro y comérselo con patatas, dijo en su tono sencillo y sabio.


Discernir lo define el Drae como distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas. Esto es, los principios hay que examinarlos y pensarlos en cada situación, compararlos, ponerlos en contexto, y de acuerdo con esto aplicar el de mayor relevancia en cada caso.


Esto de discernir los principios, del P. Nicolás, que por fortuna va varios pasos adelante de la educación recibida hace años en el Colegio San Ignacio, es bien importante tenerlo en cuenta ahora con relación a las conversaciones de paz y, en lo más inmediato, por la más reciente entrevista del expresidente Uribe en la que pone los valores como algo no racionalizable.


Al preguntársele sobre como definía la lealtad, que le reclama al presidente Santos, él la encuadra como valor y dice que esos valores deben ser de la esencia del ser humano “esos valores, se presume que hacen parte del ser humano, uno no los racionaliza”. La respuesta de Uribe que prefiere no razonar sobre los principios y valores, va en contravía de lo tan bien planteado por el P. Nicolás.


Existen unos círculos concéntricos de lealtad, como los plantea Martha Nussbaum: Uno, el yo el más inmediato; dos, la familia nuclear; tres, la familia extensa; cuatro, los amigos, vecinos, conciudadanos, compatriotas; y cinco, la humanidad. No podemos abandonar los afectos particulares inmediatos que constituyen la identidad, pero debemos atraer estos círculos hacia el centro y trabajar porque los seres humanos formen parte de nuestra comunidad, basar nuestras ideas políticas en este círculo de la humanidad al que, por encima de todo, le debemos atención, respeto y lealtad.


Así, tenemos que considerar como de igual valor a todos los seres humanos que son una regulación de nuestras acciones y aspiraciones políticas. Frente al orgullo patrio se proclama la primacía de la lealtad con la humanidad. La máxima lealtad moral se debe a la comunidad humana por encima de cualquier gobierno, autoridad o poder. Se debe reconocer la humanidad donde se encuentre y concederle a sus  fundamentos, como la razón y la capacidad moral, el mayor respeto y lealtad. Se puede concluir entonces, que la solidaridad prima sobre la lealtad y que esta última, así parezca absoluta, tiene que ser objeto de discernimiento en cada caso. El fundamentalismo es muy nocivo y ha hecho suficiente mal.


CODA. La justicia tradicional como principio, si que es necesario discernirse ahora por las conversaciones de La Habana. Los “justicieros” se aferran a ella y se niegan a ver la justicia transicional como alternativa. Como ya se ha dicho, la paz concertada es moral y políticamente superior. Es imperativo el discernimiento