Editorial

El bloqueo de Rusia
23 de Agosto de 2013


Acordar una disposición era la manera de notificar al Gobierno de Bashar al Assad de que la comunidad internacional está lista a exigir respeto por el Derecho Internacional Humanitario.

El clamor de autoridades francesas, españolas y turcas, por una intervención de Occidente en Siria, refleja la frustración y el asombro del mundo por la incapacidad, demostrada en la sesión extraordinaria del miércoles, del Consejo de Seguridad para “mantener la paz y la seguridad internacionales” mediante la “acción rápida y eficaz por parte de las Naciones Unidas”, como ordena el Artículo 24 de la Carta del organismo. Ese reclamo europeo, aun parcial, también muestra un camino posible frente a la barbarie de una guerra civil que ha degenerado hasta caer en lo visto esta semana, en lo que tiene todas las características de un ataque con armas químicas dirigido contra los civiles.


Ante la denuncia de un ataque masivo con armas químicas en Siria que habría dejado más de mil víctimas, visibilizadas en imágenes que circulan profusamente por medios de comunicación y redes sociales y escuchado en audios de los médicos a cargo de los hospitales, la Unión Europea y Estados Unidos lideraron una convocatoria extraordinaria del Consejo de Seguridad, instándolo a que definiera mecanismos para investigar el origen del ataque prohibido por las armas usadas y por tener a la población civil como objetivo. Aunque necesaria para garantizar respeto por las formas del derecho, la investigación no cambiaría una situación en la que ya se han definido inspecciones expertas. Así las cosas, acordar una disposición era la manera de notificar al Gobierno de Bashar al Assad de que la comunidad internacional está lista a exigir respeto por el Derecho Internacional Humanitario. Pero ni eso se pudo, Rusia y China hicieron valer su derecho de veto y bloquearon al mundo democrático.


El portavoz de la Cancillería rusa, Alexander Lukashevich, justificó la actuación rusa fundándose en dudas por la responsabilidad de Assad en el uso de armas químicas, posición que sustentó en que no las necesitaría “ahora que está ganando la guerra sin usarlas” y en que “tendría que estar loco para emplearlas justo cuando los inspectores internacionales llegaron a Damasco para atender denuncias por el uso de armas químicas”. No se espabilan ante las dudas por los medios por los cuales la parte débil del conflicto podría obtener, y usar armas complejas y costosas que acabarían con el prestigio que han ido ganando como contraparte del tirano. Con razón, el director de Human Rights Watch ante Naciones Unidas, Philippe Bolopion, denunció que “en vez de buscar la verdad y pedir que se coopere con los investigadores de la ONU, Rusia y China eligieron una vez más proteger a un Gobierno que está masacrando a su propio pueblo”. Tras ejercer el veto, el portavoz ruso tuvo la desfachatez de insistir en un mecanismo que perdió el respeto de Occidente y la guerrilla: las conferencias de paz de Ginebra, que llegaron a un punto muerto por el interés de Rusia de no discutir la presencia de Al Assad en el poder y el de la oposición de buscar un gobierno de transición resultante de los acuerdos posibles en esa mesa convocada a instancias de Estados Unidos y Rusia.


Cuando Barack Obama alertó porque Vladimir Putin estaba adoptando actitudes que recordaban las de sus antecesores en tiempos de la Guerra Fría, era difícil pensar que la frialdad del ruso le alcanzaba para proteger, algunos europeos hablan de encubrir, a un gobernante que, al decir del canciller turco Ahmet Davutoglu, “cruzó la línea roja” en lo que a barbarie se refiere. El bloqueo a la más tibia de las resoluciones que podría tomar el Consejo de Seguridad muestra la actitud que el mundo debe esperar de quien en la temible KGB aprendió a abusar del poder, así sea el limitado que le dejó la caída del comunismo, para oprimir a sus conciudadanos y acorralar a sus contradictores en el mundo, mucho más cuando tiene cómo atraer a su redil a quienes, así hoy no tengan el protagonismo del pasado reciente, siguen siendo ese “eje del mal” que tan bien caracterizó la secretaria Condolezza Rice. El retorno del péndulo de la historia y la debilidad de la ONU imponen la protección y el fortalecimiento de la capacidad militar de la Otan, hasta hoy la única fuerza que garantiza la toma de acciones multilaterales en defensa de los valores democráticos y de los principios humanitarios que sátrapas como Al Assad vulneran con cinismo inédito en la historia reciente de la humanidad.