Columnistas

No conviene vender Isagén
Autor: Luis Fernando Múnera López
19 de Agosto de 2013


El Gobierno Nacional anunció en julio de 2013 que la Nación venderá su participación en Isagen, la cual asciende al 57,66 % de la compañía y tiene un valor aproximado de 4,5 billones de pesos.

El Gobierno Nacional anunció en julio de 2013 que la Nación venderá su participación en Isagen, la cual asciende al 57,66 % de la compañía y tiene un valor aproximado de 4,5 billones de pesos.


Esa enajenación de acciones “busca transformar un activo donde el Gobierno ya no es indispensable, en otro activo donde se requiere el concurso del Gobierno Nacional y es en la infraestructura”, dijo el ministro de Hacienda y Crédito Público. Agregó que el país requiere cerca de 50 billones de pesos para hacer las grandes obras.


La justificación que se presenta para este negocio es muy débil y esa decisión es altamente controvertible. Al país no le conviene vender Isagén.


Es cierto que el sector eléctrico colombiano ha madurado. Pero no puede afirmarse que esta madurez implique que los agentes del sector respondan siempre a las necesidades de expansión del sistema de generación eléctrica.


En las últimas décadas se ha establecido en Colombia un buen número de empresas dedicadas a generar electricidad. Pero muy pocas de ellas han emprendido la construcción de las centrales grandes que se requieren. Fuera de Empresas Públicas de Medellín y Celsia, la única empresa que actualmente adelanta un proyecto grande es la misma Isagén. 


Las demás están construyendo solamente proyectos medianos o pequeños o, peor todavía, están dedicadas únicamente a operar las plantas existentes sin participar en la expansión. Ello indica que Isagén es estratégica, pues le permite a la Nación atender las necesidades de expansión de un servicio vital para el país cuando otros no lo hagan.


Es falaz el argumento de que la venta de Isagén suministrará una suma cercana a los cinco billones de pesos para aportar a las inversiones en infraestructura  que el país requiere. Para afirmarlo no se demuestra que la necesidad estratégica aquí mencionada sea menos fuerte que la necesidad de ese dinero. Además, Isagén es una empresa que cada año produce utilidades.


El Gobierno tiene en sus manos un instrumento para conseguir de otra manera ese dinero. Y no por una sola vez, sino recurrentemente año tras año. ¿Cuál? Simplemente controlar la corrupción administrativa que hace de los procesos de contratación pública una vena rota. Según estimados presentados por el presidente de la República, por la fiscal general de la Nación y por el zar anticorrupción, esa corrupción le cuesta al Estado aproximadamente cinco billones de pesos al año. Si se corta ese desangre, en un solo año se recibirá el mismo dinero que vale Isagén.


Presento una última consideración que me fue planteada por el doctor Mauricio Restrepo Gutiérrez, ex gerente general de Empresas Públicas de Medellín. Isagén disfruta de un enriquecimiento sin causa porque en la central hidroeléctrica San Carlos se lucra a título gratuito de la regulación de caudales del río Nare en el embalse El Peñol, de propiedad de EPM. Este beneficio pasará a quien compre Isagén. Y si el comprador es una persona privada, se generará un detrimento patrimonial del Estado a favor de un particular.


EPM y el municipio de Medellín desistieron en 2004 de una demanda instaurada por este motivo contra ISA e Isagén por un valor cercano a los $620.000 millones. El desistimiento se hizo para facilitar la modificación de las condiciones de pago de la deuda del Metro a la Nación. Pero esa demanda y esa suma correspondían a los beneficios estimados hasta 2023. Hasta donde conozco, nada se dijo de los beneficios después de ese año. Así las cosas, con la venta de Isagén un tercero se beneficiará injustamente de ese enriquecimiento sin causa. Creo que el doctor Restrepo Gutiérrez tiene razón, y que EPM debe revisar el asunto de los beneficios que San Carlos continuará recibiendo, para proteger el patrimonio público, en este caso de Medellín y de Antioquia.


Todo indica que la decisión de vender Isagén es inconveniente.