Columnistas

Educación y calidad
Autor: Guillermo Maya Muñoz
19 de Agosto de 2013


Proantioquia organizó un seminario en Medellín sobre la calidad de la educación, el pasado viernes 2 de agosto, con la participación de un experto neoliberal “serio”, como Felipe Barrera se califica a sí mismo

Proantioquia organizó un seminario en Medellín sobre la calidad de la educación, el pasado viernes 2 de agosto, con la participación de un experto neoliberal “serio”, como Felipe Barrera se califica a sí mismo, profesor de Harvard U y contratista del Banco Mundial; y Carlos Medina, subgerente Regional de Estudios Económicos del  Banco de la República Sucursal Medellín. 


El primer expositor plantea que la calidad de la educación no depende de la extensión de la jornada escolar, ni de los libros, ni de los edificios, ni de los computadores, depende de los incentivos. Tanto para los maestros, como para los estudiantes. Si mejoran los estudiantes (“chinos”, dice el expositor), en pruebas estandarizadas, el maestro recibe un incentivo. En caso contrario, el despido. Hay que ser responsable. Al estudiante que pasa de grado se le paga una cantidad, si la mamá envía los niños a la escuela también recibe un subsidio. La gente responde a los incentivos materiales.


Los textos, al igual que los computadores,  no diferencian la calidad de la educación. A los niños de una escuela le entregan textos y a los de otra no. Miden la calidad de los dos grupos de estudiantes en un examen estandarizado. No hubo diferencias significativas entre los dos grupos. 


Por su parte, para el segundo expositor la educación privada en Colombia es mejor que la pública. En primaria y secundaria, la pública ha retrocedido, mientras el mercado, la iniciativa privada convertida en la búsqueda de las ganancias, entrega una mejor educación, y la gente está dispuesta a pagar por ella para sus hijos. La educación privada de Medellín se acerca a los estándares de sus mejores pares nacionales, mientras la educación pública está por debajo de sus mejores pares.


Pero, cuando los analistas llegan a la educación universitaria, los elogios a la educación privada comienzan a tambalear, porque si bien es cierto la educación privada puede mostrar algunas universidades de elite buenas, siendo la mayoría más bien regulares y malas, universidades de garaje, la educación pública se ha logrado mantener -a pesar de la baja financiación del gobierno y desgano del sector privado en su reconocimiento- y disputa con la privada de elite los primeros puestos en investigación, mejores carreras, etc. 


Se argumenta, igualmente, que la U privada es más flexible, que la contratación pública es engorrosa e inflexible para enrolar a los mejores, etc. La conclusión es que hay que promover la educación privada, promoviendo los subsidios a la demanda, que los estudiantes vayan donde quieran, y no donde los obligan (subsidios a la oferta). En la educación primaria y media, promoviendo el emprendimiento educativo, en Pakistán los dentistas se convierten en rectores de colegios (aquí los políticos), las alianzas público privadas pueden ser una solución.


El examen internacional Pisa, para jóvenes de 15 años, evalúa los conocimientos, las aptitudes y las competencias en lectura, matemáticas y ciencias naturales, y es realizado cada tres años. Las bajas calificaciones obtenidas por los estudiantes colombianos en las pruebas de 2009, comparadas con las mejores equivalen a una escolaridad menor en tres años.


¿Por qué los ricos son más sanos y los pobres viven menos, en promedio? Por sus dotaciones iniciales o derechos de propiedad. Eso también pasa en la educación. La clave en la educación no es un PIB grande sino cómo se reparte. En Colombia, el Gini que mide la distribución del ingreso, pasó de 0.47 (1990) a 0.589 (2007). Es decir, empeoró la distribución del ingreso. El cambio al alza ha sido asombroso, y somos campeones mundiales en mala distribución. Sube el Gini y Colombia tiene unos resultados Pisa malos. Más globalización y peor educación. En Finlandia la concentración del ingreso es menor (0.269 en 2000) y tiene unos resultados Pisa de los mejores.


Igualmente, los resultados en educación dependen de las familias. Claro, la función cerebral ejecutiva, dice Barrera, se puede concentrar en otras cosas y no en la sobrevivencia cuando la vida no depende del día a día, cuando hay estabilidad económica. Sin embargo, para que la función ejecutiva opere y la gente tenga objetivos de largo plazo, como en la educación, es necesaria una mejor distribución del ingreso, y no mejora simplemente con incentivos a los más pobres.


Sin embargo, en educación no todo lo soluciona el mercado. La educación en Finlandia es pública, y la privada es financiada por el gobierno. Los profesores son altamente calificados, con título mínimo de maestría, reciben buenos salarios respecto al salario promedio, y son altamente respetados.


La educación es una actividad intensiva en maestros, en trabajo calificado. No hay economías de escala y tampoco saltos en productividad. El nivel educativo y el mejoramiento constante de los maestros es la clave para mejorar la educación. Sin embargo, la escuela no puede hacer lo que el hogar no ha hecho. Inculcar a los estudiantes que la educación es importante. No solo porque mejoran los ingresos sino porque la educación da autonomía, capacidad de tomar decisiones maduras, y de participar activamente en la construcción de una sociedad democrática, como ciudadanos y no como clientela política.