Columnistas

El verdadero progresismo
17 de Agosto de 2013


Para transformar a Colombia se requiere una econom韆 sana y pujante. Nada m醩 importante para el bienestar de todos los colombianos que mejorar los ingresos de los hogares y las oportunidades de crecimiento de las empresas.

Mauricio Cardenas S.


Para transformar a Colombia se requiere una economía sana y pujante. Nada más importante para el bienestar de todos los colombianos que mejorar los ingresos de los hogares y las oportunidades de crecimiento de las empresas. Nuestro puerto de destino es claro: queremos convertir a Colombia en un país desarrollado. Aunque sabemos que el recorrido no será rápido ni libre de amenazas, tenemos clara la ruta: Nuestra estrategia incluye políticas que afiancen la estabilidad de la nave, reformas progresistas que permitan avanzar más rápido a los que están rezagados e inversión en infraestructura y tecnología para acelerar el paso. 


Esta visión está dando buenos resultados. El crecimiento promedio durante la actual administración de 4,9%, es el tercero más alto en América Latina. Nuestra tasa de inversión (28% del PIB) es la más alta en nuestra historia y la segunda más alta del continente. La tasa de desempleo en junio pasado fue 9,2%, la más baja para ese mes desde el año 2000, cuando este indicador comenzó a medirse mensualmente.


Contamos con una moneda sana que nos ha permitido reducir la inflación anual a 2%, lo que no se veía en más de medio siglo. Las tasas de interés también han bajado a niveles sin precedentes. Hoy  una familia de clase media puede comprar vivienda con crédito a tasas de 7% o menos por año. Hace  dos años los préstamos para vivienda nueva costaban el doble. 


El manejo responsable de las finanzas públicas ha sido el pilar de esta administración. En 2010 heredamos un déficit de $18 billones para todo el sector público. Dos años después, gracias a las políticas del gobierno, obtuvimos un superávit de $2 billones. 


¿Cómo se logró esto? Instauramos el principio de sostenibilidad fiscal en nuestra Constitución y adoptamos por ley la llamada regla fiscal, que ordena sin contemplaciones la reducción del déficit fiscal. Además, la buena gestión tributaria permitió el incremento del recaudo de impuestos de $65 billones en 2010 a $100 billones este año. 


Los impuestos son ahora más equitativos. La reforma tributaria de 2012 eliminó los impuestos que frenaban la formación de empleo e incrementó los impuestos de individuos y empresas con mayor capacidad económica. El próximo primero de enero se reducirá a la mitad el impuesto del 4x1000. EL IVA se simplificó, al pasar de siete tarifas a solo tres, y se redujo para todos los bienes de la canasta familiar y los insumos del agro. 


Hemos fortalecido los ingresos tanto del gobierno nacional como de las regiones. Las regalías minero-energéticas aumentaron de seis a nueve billones de pesos por año  entre 2010 y 2013. Además, reformamos la constitución para que estos recursos le lleguen a todos los colombianos. Hoy en día, hay más de 3 mil proyectos en ejecución en más de 800 municipios en todo el país.  


Más recursos fiscales han permitido duplicar la inversión pública. Programas como Familias en Acción, Colombia Mayor, Gratuidad Educativa, 100.000 viviendas gratis, entre otros, no se financian con deuda. Esto es sostenibilidad: los beneficios que tenemos los colombianos de hoy  también podrán tenerlos los colombianos de mañana. 


Nada es más importante para construir un país justo, moderno y seguro que el empleo. Los resultados en esta materia hablan por sí solos con 2,3 millones de puestos de trabajo generados desde agosto de 2010. 


Pero la complacencia no es buena consejera. Aunque hemos avanzado, falta mucho más. Las reformas han requerido un periodo de adaptación. Nuestra responsabilidad es asegurar que esa transición sea rápida y fluida y en ello trabajamos día y noche. Pero esos son los retos de la acción, que son siempre más constructivos que los de la inacción.