Columnistas

¿Cuáles partidos? II
Autor: Henry Horacio Chaves P.
12 de Agosto de 2013


El fortalecimiento de los partidos demanda superar las empresas electorales que tenemos hoy y hacer que la gente se asocie en torno de ideas y maneras de concebir el estado, la política, el mundo…la vida.

El fortalecimiento de los partidos demanda superar las empresas electorales que tenemos hoy y hacer que la gente se asocie en torno de ideas y maneras de concebir el estado, la política, el mundo…la vida. Un terreno tan desconocido para nosotros como que los “nuevos partidos” son integrados en su mayoría por exmilitantes de los partidos tradicionales de donde salieron para buscar mejores opciones personales. Algunos de esos líderes, incluso han trashumado por varios movimientos dependiendo del calor del momento. 


Partidos personalistas como las decisiones que los inspiran y tan parecidos que nadie se asombra por el tránsito de personas entre ellos. No se diferencian ni en el fondo ni en la forma. Aunque hay que reconocer la coherencia del Polo Democrático que no permitió una revisión del umbral, como lo habíamos advertido en la columna anterior. Una decisión rara en nuestra política, que se aparta del pragmatismo acostumbrado y que los podría hacer perder la personería si no alcanzan un mínimo de votos. La decisión no sería fácil pero es valiente y termina por consolidar el liderazgo del Moir dentro del Polo, que dicho sea de paso, más que un partido es una federación de movimientos.


Algo muy parecido a lo que era antes de la Constitución del 91 el esquema bipartidista. Dos grandes empresas electorales que tenían movimientos internos, aún con personería jurídica y muchísimas empresas familiares o unipersonales. De modo que el problema de los partidos no está en la Constitución ni en las reformas políticas, si bien algunas de ellas han procurado “soluciones” a la medida de los problemas. Claro ejemplo de esos esperpentos es el voto preferente que a primera vista parece un avance democrático en tanto el ciudadano determina el orden de una lista para cuerpos colegiados, pero que en realidad disfraza la incapacidad de los partidos de darse orden y estructura, de democratizarse y presentar una lista seria, coherente, fortalecida y representativa. El voto preferente es la evidencia de la personalización de los partidos y la ausencia de ideas comunes.


Pero qué ideas pueden ser las que unan a sus líderes, cuando el histórico partido conservador deshoja una margarita para saber a quién apoya. La duda no está entre sus filas, a pesar de las ganas de la exministra Marta Lucía Ramírez, sino entre los dos sectores de la U, que antes eran liberales. O qué pedirle al partido liberal, que tampoco parece interesado en presentar una figura propia como opción de poder, sino que igual que “los hermanos azules” busca su acomodo en la “unidad nacional” mientras se renueva en el congreso con el tres veces candidato presidencial Horacio Serpa.


Ese y todos los partidos, deberían mirar a las regiones y reinventarse desde allí, con propuestas que hablen de un país diverso y desigual. A fe que varios grupos liberales en Antioquia están haciendo un gran esfuerzo de reunificación de cara a las elecciones del congreso, pero aún no están todos y sus cálculos tan precisos de votos, dejan entender que hablan más de maquinaria que de cautivar votos de opinión o pensar en fortalecer y reeditar su partido. Debe ser que en esa materia, las uvas están verdes.