Columnistas

¿Independencia?
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
8 de Agosto de 2013


203 años del grito de independencia y 194 de la batalla definitiva en el Puente de Boyacá, hace que hinchemos el pecho los colombianos, pero al mismo tiempo nos hemos hincado y agachado la cabeza frente a las realidades del país.

203 años del grito de independencia y 194 de la batalla definitiva en el Puente de Boyacá, hace que hinchemos el pecho los colombianos, pero al mismo tiempo nos hemos hincado y agachado la cabeza frente a las realidades del país. Y no es el discurso veintejuliero de ¡abajo el imperialismo yanqui! Nuestra realidad es otra, estamos sub júdice frente al tribunal de la historia.


El tema tampoco es la dependencia al capital extranjero y a los organismos multilaterales, tampoco a que somos el patio trasero de “gringolandia”, puesto que estas realidades están por fuera de la gobernabilidad del país y hacen parte de la dinámica de la geopolítica y geoeconomía.


Colombia no es libre en su alma, no es libre en su propia libertad declarada en el Escudo Patrio: “Libertad y Orden”. Nuestra dependencia está amarrada a nuestra esencia misma, a esa química en que la gran mayoría no es capaz de creer en nuestras capacidades, como tampoco sentir la patria como nuestro hogar sin sentir el nacionalismo que requiere el país para defenderla y edificar sobre él una nueva esperanza.


Colombia no es libre, porque nos hemos encargado de empotrarnos en el ayer, poner el retrovisor manifestando que todo tiempo pasado fue mejor. Esa programación neurolingüística inmersa en el colectivo social, es una talanquera que no deja tener un presente diferente y avizorar un mejor futuro.


No somos independientes porque por más de 500 años, con españoles y sin ellos, con neocoloniales o sin ellos, el país ha estado amarrado al vaivén de la violencia. El siglo XIX, en los albores de la República, los conflictos entre los partidos fue el pan de cada día. Y qué decir del siglo XX con la gran obra de liberales y conservadores, en le época de la Violencia, dejando desde entonces el país postrado a ríos de hiel y sangre.


La inestabilidad jurídica ha sido otra constante en nuestra historia. Entre 1810 y 1830, surgieron ocho constituciones de diferentes departamentos. Desde este año hasta 1886, se promulgaron seis Cartas Magnas. Solo la expedida durante el gobierno de Rafael Núñez, llegó a pasar la centuria, siendo cambiada en 1991. Esta última es una colcha de retazos por la gran cantidad de reformas que ha sufrido. En promedio ha tenido más de una reforma por año. Ese mero hecho de estar cambiando la Ley de leyes, muchas veces al antojo personalista son una clara muestra que no somos independientes y maduros, por algo estamos como estamos.