Columnistas

Si acaba ignorancia, se acaba pobreza
Autor: Mariluz Uribe
5 de Agosto de 2013


Leo al filósofo alemán Nietzsche en su libro: ¨La Gaya ciencia¨, capítulo ¨Eso que llaman amor¨.

Leo al filósofo alemán Nietzsche en  su libro: ¨La Gaya ciencia¨, capítulo  ¨Eso que llaman amor¨.


Allí explica cómo el ¨generoso¨ se enorgullece de dar, porque minimiza y humilla al que recibe, y éste querrá seguir dependiendo de él, aunque en su fondo le de rabia hacerlo. (Subsidiado como se dice ahora).  No hay que jugar a la  Madre Teresa. (que al fin terminaron hablando mal de esa monja de Albania, que se fue a Calcuta, como que dejaba sufrir a los enfermos, en su pabellón de moribundos no había calmantes.)


En una región de EEUU donde se dotó de vivienda a los que pasaban por el llamado Hueco, huyendo de la pobreza de esa frontera, se encontró que muchos de los que la recibieron al poco tiempo la tenían caída. Dañaron las llaves del agua. Dejaron encendida la estufa, rompieron  lo rompible, etc. Se les dieron facilidades para tener una casa pero no se les  enseñó a usarla y no se nace sabiendo nada. Y menos sabiendo cuidar! Lo que no ha dolido conseguir no se aprecia. Vamos a ver que pasa con lo que supongo con la mejor intención es está haciendo en nuestra patria ahora. He visto con alegría que están dando aquí ahora unas clases sobre cómo manejar las nuevas viviendas. Se lucieron, qué bueno!


También vi en EEUU en una residencia universitaria, unos africanos que no conocían baños y hacían sus necesidades en la sala. Al fin se logró que al menos las hicieran en el jardín comunal. 


A veces pasa que cuando se deja a alguien cuidando una casa y se vuelve a ella al cabo del tiempo, se encuentra la casa en otro estado. ¿Conocen el libro “La guerra de las dos Rosas” de Rocío Vélez de Piedrahita? Búsquenlo, es una escritora realista muy buena. 


Se necesitan conocimientos, disciplina, orden, método, cumplimiento, sentido del tiempo y del deber, convivencia, saber economizar, cuidar, no convertir todo en basura. No botar, reciclar, cosa que comenzamos tarde.


Habrá que crear alguna fórmula mágica para que todo el mundo pueda acceder a tener  educación y aprender a cuidar para tener. El que no cuida no tiene. Es falso aquello de que el que no debe no tiene, pues no soy dueño de lo que debo. No es mío.


Lo grave es que mientras tengamos más TV que libros, no aprenderemos mucho. Qué imágenes son las que estamos recibiendo? Las que nunca deberíamos recibir, el aprendizaje del crimen en los enlatados americanos y en las telenovelas colombianas. No hay vez que prenda la TV y no me apunten con algún arma. Lo que vemos se incrusta en nuestro cerebro más que lo que leemos u oímos. Ya hay niños cometiendo crímenes de adultos, mandados por ellos o porque ya han aprendido lo del dinero fácil, siendo que la riqueza verdadera es la que se adquiere con el estudio, la que se guarda en nuestro cerebro y nadie nos puede quitar.


Lo he contado mil veces, cuando hice mis prácticas psicológicas en la cárcel,  los internos pasaban horas ante la TV, como ellos mismos lo decían: “aprendiendo a cometer los crímenes mejor y que no nos cojan”. Yo conversaba con ellos, por ejemplo en las filas para almorzar, mientras ¨voliaban¨  su cacerola y hacían música con su cuchara, esperando el revuelto de  sopa y seco. Yo pensaba en los hijos de esos presos. ¿Dónde estarán ahora? 


¿Qué habría que hacer? Cambiar e incitar al cambio, sugerirlo, nunca obligar. “La gente le tiene pánico a cambiar”. Es una frase clave de la Sociología,  no sólo de la Psicología, es una frase que hay que tener en cuenta cada día. Y saber que si uno mismo cambia, los otros alrededor cambian. Nadie cambia solo, ni para su conveniencia. Tiene su patrón de comportamientos que viene de lo heredado, la educación recibida, las compañías,  lo que ve y por supuesto de lo que come o deja de comer.