Columnistas

Dilema inescapable
Autor: Bernardo Trujillo Calle
3 de Agosto de 2013


El sugestivo t韙ulo de la car醫ula de Semana (1630) plantea uno de los puntos m醩 intrincados del proceso de paz.

El sugestivo título de la carátula de Semana (1630) plantea uno de los puntos más intrincados del proceso de paz.  Esa síntesis que define el porvenir de lo que está en discusión, expresa la dimensión de lo que sucederá en caso de romperse el diálogo.  Otro medio siglo habrá que esperar hasta cuando una generación menos politizada y menos comprometida con las ideas fijas de que solamente el exterminio del adversario es la solución para recuperar la sensatez que nos ha faltado.  Entonces el esfuerzo titánico más justo y pragmático hasta hoy ensayado, se perderá en un olvido inmemorial. 


Una oportunidad como la actual en la cual un gobierno que estaría en capacidad militar de producir el mayor derrame de sangre, si lo quisiera, con sólo activar el ejercicio de las armas oficiales, decide sin embargo explorar la alternativa de terminar el conflicto por la vía menos cruenta. Esto requiere una templanza excepcional del jefe de Estado que así se expone a ser tildado de ingenuo o medroso, cuando la verdad es otra bien distinta.  El Presidente ha dicho reiteradamente que “se la juega por la paz”, sometiéndose al veredicto de la historia, así tenga que pasar de largo por encima de una  oposición inconsciente y sectaria.


Es que la disyuntiva presentada en el interrogante de si “¿al Capitolio o a la Picota?”, no es una manera de llamar la atención para amenazar a la guerrilla y, sobra decir que tampoco proviene del gobierno sino de una opinión calificada de la Revista, escrita por colombianos pensantes e independientes de buen criterio político.  Allí nos incardinamos igualmente millones de colombianos hastiados de la guerra, que hemos seguido con interés los pasos dados en La Habana como preparatorios de otros que vendrán a continuación.  Porque el Congreso tendrá que dictar una ley estatutaria para reglamentar el Marco Jurídico ya aprobado y, es en esa ley en donde va a darse el debate principal, en tanto que allí se dirá quienes de los subversivos estarían en condiciones de participar en política.  Mas no es todo.  El Presidente ha dicho que los acuerdos logrados serán sometidos a una consulta general de la nación que dirá la última palabra refrendada por la soberana voluntad del pueblo.  


¿Dónde está, pues, el cantaleteado atropello de que hablan los opositores?.  ¿Quien  ha hablado de impunidad?.  Dónde se ha dicho que el Estado entregará facultades soberanas a la subversión?.  Falacias.  Desahogos de una inmensa frustración es lo que se esgrime para torpedear alevosamente el avance del proceso de paz.  La afortunada frase de Rodrigo Uprymne ha hecho carrera por su bondad intrínseca.  En ella se resume la argumentación hecha a favor del acuerdo:  “La Justicia Transicional es una Justicia imperfecta para tiempos imperfectos”.  Desatinada hasta no más es la posición de los que no entienden o no quieren entender la elemental conclusión de que un acuerdo, por definición, no es rendición incondicional. Ya se ha repetido hasta el cansancio que “mientras todo no está firmado, nada está firmado”.  Forcejeos los hay y los habrá en adelante hasta el último día en que se firme o se levante la mesa.  


Es mala intención propalar la falsa conseja de un gobierno cediendo terreno y en desventaja frente a la guerrilla. Si la comisión oficial careciera de las altas credenciales atribuidas a cada uno de sus miembros, Santos no le hubiera confiado la delicada misión.  Nadie se llame a engaño.  La Justicia Transicional parte de la base de su propia imperfección.  Los miles de guerrilleros y los centenares de miles de delitos acumulados en medio siglo, no van a ser examinados uno tras otro por los jueces y fiscales.  Piénsese si el emblemático juicio de Nuremberg que llevó a la horca a los criminales de guerra nazis comprometidos en “la solución final”, habría sido posible si a más de los jerarcas, la tropa de soldados alemanes hubiesen tenido que pasar por los expedientes de los jueces internacionales.


___________________________________P.S.: Celebremos la absolución de la valiente Yidis Medina.  Se le hizo justicia, no esa falsa justicia con la cual se le había condenado antes.