Columnistas

El Renacimiento de Detroit
Autor: Rafael Bravo
2 de Agosto de 2013


Hace unos meses la industria automotriz norteamericana era un enfermo en cuidados intensivos. La nacionalización de General Motors y Chrysler obligaron a cambiar el modelo de negocios.

Hace unos meses la industria automotriz norteamericana era un enfermo en cuidados intensivos. La nacionalización de General Motors y Chrysler obligaron a cambiar el modelo de negocios. Su estructura paquidérmica y altamente burocratizada sumado a un inflexible sindicato que fue mas allá de los limites en la negociación colectiva, contribuyeron a la caída de estas 2 gigantes. Lo que siguió ya es conocido: una dependencia del gobierno federal que a manos llenas entregó dineros de los contribuyentes para evitar su desaparición y la posterior declaratoria de bancarrota para luego emerger como entidades jurídicas nuevas con mayoría accionaria del gobierno. Chrysler logra atraer el interés de Fiat para convertirse en socio del gobierno, mientras GM hizo su oferta pública de acciones-IPO con una muy buena aceptación.


Ford tuvo una visión diferente y optó por buscar recursos privados poniendo como garantía de la deuda su infraestructura física con un enfoque hacia prototipos más futuristas y eficientes en el consumo de combustible. Su participación en el mercado muestra una tendencia ascendente luego de caer por mucho tiempo por los grandes vacíos de calidad y la rápida pérdida de valor de sus modelos. De acuerdo con los más recientes reportes de Consumer Reports que mide los índices de confiabilidad entre los compradores, Ford aparece por encima de las marcas japonesas que tradicionalmente han recibido las mejores calificaciones.


Los resultados financieros del primer trimestre de Ford y GM confirman unas ganancias nunca vistas en 10 años. El publico norteamericano parece inclinarse por las marcas ‘’ made in USA ‘’ luego que los fabricantes extranjeros incrementaron significativamente su participación en el mercado. A partir del 2010, Toyota fue victima de su propio éxito siendo incapaz de continuar con su prestigio de calidad y durabilidad que la han caracterizado. El terremoto y posterior tsunami que afecto a Japón en abril, ha golpeado la cadena de producción para una adecuada oferta de inventarios y sus utilidades bajaron de manera significativa. 


Después de salir del proceso de bancarrota en el 2009, GM ha invertido 3.500 millones de dólares que según la compañía ha creado o evitado el despido de más de 9.500 trabajadores. Ello se va a traducir en una recuperación de las economías en donde operan las plantas automotrices particularmente el Medioeste del país, una zona en donde el desempleo es superior al promedio nacional. Los nuevos tiempos han obligado a quienes ingresan por primera vez, a aceptar salarios reducidos y paquetes de compensación acordes con el proceso de globalización y ‘’outsourcing’’ que exige el momento actual.


El cambio de paradigma en la estructura fabril dando paso a modelos de baja cilindrada y económicos en el uso de combustibles por parte de los Tres Grandes fue una decisión más que estratégica, una obligación como consecuencia de los altos precios del petróleo y el auge de las marcas japonesas y coreanas. 


Con precios por encima de los 4 dólares por galón el mercado automotriz va rumbo a modelos que utilicen métodos alternativos, es decir, motores eléctricos, tecnologías basadas en el uso de baterías de litio y motores de combustión interna que utilicen mínimas cantidades de gasolina. La salida al mercado del Chevrolet Volt que funciona como un híbrido (baterías y gasolina) y el Nissan Leaf operado por baterías y totalmente eléctrico son el primer intento para lograr reducir la adicción al petróleo. La meta de la administración Obama es llegar a un millón de vehículos eléctricos para el 2015. Que dirán los poderosos intereses de la industria petrolera?