Editorial

Los di醠ogos del Medio Oriente
30 de Julio de 2013


Frente al garrote europeo, Estados Unidos ha esgrimido la diplomacia imperial disuasiva, para convencer a contrapartes que conservan fuertes motivos de choque de la conveniencia del regreso a la mesa.

El viernes, previo al festivo religioso hebreo, el Ministerio de Defensa de Israel determinó no seguir apoyando a los responsables de los programas de cooperación de la Unión Europea en los territorios ocupados y prohibir a los cooperantes usar a Israel como medio para llegar a la Franja de Gaza, anunciando que ese país congelaba “las relaciones con la UE en todos los ámbitos”. El domingo, una vez terminado el asueto religioso, el Consejo de Ministros presidido por Benjamín Netanyahu acordó la liberación de 140 presos palestinos, acusados de actos terroristas, tendiendo una mano al Gobierno de Mahmud Abbas, en las preliminares del primer encuentro bilateral, que ayer se realizó en Washington, a instancias del Gobierno estadounidense.


Con el boicot a la ayuda humanitaria de la UE,  Israel ha recogido la indignación de los hebreos por el bloqueo de esa Comunidad a las personas y organizaciones israelíes asentadas en los territorios ocupados tras la Guerra de los Seis Días, en 1967, determinación tomada el pasado 19 de julio y que regirá desde el primero de enero. Dado que la definición de la soberanía en este territorio, que incluye el sector de Jerusalén donde se encuentra el Muro de las Lamentaciones -centro fundamental del culto hebreo- es uno de los principales factores en discusión entre israelitas y palestinos, los judíos asumieron el bloqueo europeo como una toma de partido en el diferendo, que imponía su renuncia a su condición de mediadores con Estados Unidos, Rusia y la Liga Árabe, y que se constituía en presión indebida: “Europa debe dar prioridad y una oportunidad a la paz, pues su decisión podría provocar otra crisis en nuestra región”, indicó en su editorial el diario Jerusalem Post, periódico decano de la prensa nacional, ubicado en la centro-derecha y cercano al Gobierno de Netanyahu.


En contraste con lo actuado por Bruselas, el Gobierno de Barack Obama se ha dedicado a tender puentes entre las partes, tratando de llevarlas de nuevo a la mesa de diálogo, lo que finalmente consiguió ayer, cuando en Washington D.C. tuvo lugar el encuentro del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente palestino Mahmud Abbas, acompañados por el secretario de Estado, John Kerry, y los embajadores Martin Indyk y Frank Lowenstein, quienes ya gozan de la confianza de las partes y que van a acompañar el trabajo de los negociadores Tzipi Livni, israelí, y Saeb Erekat, palestino, en procura de definir la metodología para reanudar el proceso de negociaciones estancado desde hace cinco años. 


Frente al garrote europeo, Estados Unidos ha esgrimido la diplomacia imperial disuasiva, para convencer a contrapartes que conservan fuertes motivos de choque de la conveniencia del regreso a la mesa; es así como ha guiado a los gobernantes a que “muestren su fuerte liderazgo y gran esfuerzo para tomar las decisiones apropiadas y lograr un compromiso razonable que haga posible la paz”, como señaló el secretario de Estado en el acto de presentación de la comisión de embajadores que acompañará a los jefes de Gobierno en un proceso en el que Estados Unidos afirma que “nos aseguraremos de que esta oportunidad no se pierda innecesariamente”.


El inicio de acercamientos de las partes es una gran noticia, pero debe ser recibida con la convicción de que aún está lejano el acuerdo definitivo. Si bien los jefes de Gobierno han llegado a la mesa y en ella han encontrado la ayuda de Estados Unidos y la Liga Árabe, según anunció el secretario Kerry, por fuera de ella y en contradicción con los negociadores se encuentran la Unión Europea, con su fuerte determinación contra Israel; los extremistas judíos que rechazan cualquier aproximación a Palestina, y el terrorista Hamas, que mantiene una fuerte división interna entre el pueblo palestino y que ahora se plantea como la gran incógnita frente a la paz, como lo dejó claro el profesor Walid al-Mudallal de la Universidad Islámica de Gaza, quien destacó que el proceso “podría depender de la división palestina y su dificultad para una reconciliación”. En medio de grandes retos, persiste la esperanza porque este reencuentro conduzca a un acuerdo que ponga los cimientos de la estabilidad en una región hoy conmocionada por la crisis siria, el conflicto egipcio y la inestabilidad turca.