Columnistas

Par lagrimones
Autor: Pedro Juan González Carvajal
30 de Julio de 2013


En medio del ambiente enrarecido en el cual estamos viviendo últimamente y en medio de las protestas generalizadas y orquestadas quien sabe por quién, durante la semana 13 al 20 de Julio, dos acontecimientos alegraron las rutinas de las vidas de muc

En medio del ambiente enrarecido en el cual estamos viviendo últimamente y en medio  de las protestas generalizadas y orquestadas quien sabe por quién, durante la semana 13 al 20 de Julio, dos acontecimientos alegraron las rutinas de las vidas de muchos colombianos, debiendo confesar que para mí, cada una de ellas me produjo sendos lagrimones.


Acepto públicamente que yo era uno de los escépticos con respecto al resultado exitoso de  la participación del Atlético  Nacional en los cuadrangulares finales, y fue con señorío, testarudez y disciplina, que el profesor Osorio nos demostró a más de uno que él sabía lo que estaba haciendo y tenía la razón. Acepto feliz mi equivocación y felicito de corazón a toda la fanaticada nacionalista por esta decimosegunda estrella ¡Bravo!


Adicionalmente me produjo un enorme nudo en la garganta  el éxito de Nairo Quintana en la Tour de Francia y la explosión de júbilo de su señor padre ¡Qué orgullo! ¡Qué belleza! Cuando lo arengaba desde lejos a que pedaleara duro por su Cómbita, por su Arcabuco, por su Colombia, ahí no pude más.


Es difícil de comprender  cómo los colombianos, en medio de las permanentes  dificultades, amamos tanto a esta tierra querida, tierra que no tiene la culpa de la manera como ha sido manejada en estos últimos doscientos años. 


El sábado 20 de Julio nuestro ciclista campesino ponía en lo más alto la bandera nacional, mientras aquí nos matamos entre todos, los intereses personales se ponen por encima de los altos intereses nacionales  y algunos rufianes saquean de manera sistemática a nuestro país. Recordemos que entre otras cosas, el 20 de julio se celebra el grito de independencia y no la Independencia, que se celebra el 7 de Agosto por la Batalla de Boyacá, o más estrictamente el 12 de Febrero de 1820,   por la Batalla de Chorros Blancos en Yarumal, donde nuestro gran Comandante, el Teniente Coronel  José María Córdova, derrotó finalmente los restos del ejército español comandado por Warleta.    


Estos hechos, ponen en evidencia, una vez más, lo predicado por San Juan  de la Cruz cuando hablaba de las capacidades del hombre y de la necesidad de explotar su potencia, desarrollando la memoria, la inteligencia, el entendimiento y la voluntad. Si todos los colombianos pusiéramos un poco de cada uno de estos atributos, es posible que algo podría ser cambiado. Esto solamente se logrará en función de la orientación que se genere desde la educación, de la cual expresaba Platón: “El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.


La memoria colectiva implica obligatoriamente conocer y reconocer a nuestro país y generar conciencia histórica y geográfica. La inteligencia implica la aplicación de  la razón a la solución de los múltiples problemas reales que debemos superar. El entendimiento va ligado al discernimiento, al reconocer lo correcto de lo incorrecto en términos éticos. La voluntad es esa postura íntima y colectiva que permite pasar a la acción,  orientando los esfuerzos hacia una misma dirección, sacando adelante, una vez definidos, los anhelados objetivos nacionales.


Recordemos a Quino, a través de Mafalda, cuando dice: “Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente” y “Ya que amarnos los unos a los otros no resulta. ¿Por qué no probamos amarnos los otros a los unos?”