Columnistas

Los caballos correteados
Autor: Anibal Vallejo Rendón
30 de Julio de 2013


Esto de los caballos correteados no es nada nuevo en Medellín.

Esto de los caballos correteados no es nada nuevo en Medellín. El 11 de agosto de 1913 en los terrenos que eran de la finca llamada El Edén y donde se inauguró el Bosque Centenario, se cavaron 300 hoyos para la siembra de árboles, se comenzó la construcción del lago y llegaron a habitar las primeras especies animales que fueron dos garzas. Allí también se adecuó una pista circular predestinada a hipódromo donde se hicieron carreras de caballos. Las cuales, años después, fueron suspendidas y remplazadas por los partidos de fútbol, de golf y hasta el regimiento Girardot que allí hizo ejercicios de entrenamiento para los soldados. Las apuestas, los enfrentamientos, los accidentes  y los desmanes ocasionados por los participantes y espectadores dieron por terminada tal diversión. En este lugar, denominado luego como Bosque de la Independencia y actualmente Jardín Botánico, se empezaron a utilizar burras para la diversión de los niños. “Con fecha 12 de diciembre de 1956 fue recibida en la secretaría de la Sociedad Protectora de Animales, una comunicación firmada por el señor Alonso Ángel Restrepo, en la cual solicita la colaboración de este despacho para el sacrificio de una de las burras del Bosque de la Independencia, pues dicho animal padece una afección en una extremidad”. 


Los equinos habían entrado de tiempo atrás a la vida de la ciudad en ciernes y al aparecer La Protectora  fue llenando su historia con la triste suerte que su crecimiento les deparaba: el transporte de carga en Guayaquil, los tejares, los depósitos de materiales, los carros distribuidores de leche, de gasolina, los carruajes, las diversiones en fiestas y desfiles, los carruseles, los circos, los hipódromos, las marchas con recuas de mulas cargadas hasta la ciudad, las cabalgatas, su comercialización para consumo humano.  “Medellín, mayo 20 de 1963. Señor Capitán Fabio A. Londoño C. Comandante Distrito Nro.1. En esta oportunidad nos dirigimos a usted para solicitarle su valiosa colaboración durante las festividades que se inician denominadas de Las Flores y los Textiles. Sucede que durante estas festividades, muchas personas acostumbran recorrer el centro de la ciudad y sus alrededores chalaneando cabalgaduras. Esto no está mal, y por el contrario le da realce a los desfiles y festividades en general, pero cuando los jinetes están en avanzado estado de embriaguez todo degenera en desorden, castigando a las cabalgaduras, ocasionando accidentes a los peatones, contra los vehículos, poniéndose a la vez en grave peligro la vida del jinete. Por lo expuesto antes, estamos seguros que por medio de la policía a su muy digno cargo y con la voluntad de servicio que lo caracteriza en bien de la sociedad, se pueden reprimir estos actos y de acuerdo con  los artículos 363 y 365 del Código de Policía sobre maltrato a los animales, hacer castigar a los infractores, aparte de otras graves infracciones que se cometen. Más o menos el anterior procedimiento se puede seguir con los conductores de carros de tracción animal, los cuales en esta época acostumbran facilitar sus vehículos para salir por las calles en vía de parranda con su conductor embriagado y su cargamento de pasajeros en estado avanzado de embriaguez, sin ningún control, con el consiguiente maltrato para el semoviente y los posibles accidentes que pueden ocasionar y máxime si es durante la noche, pues sabido es que estos aparatos no poseen luces ni otros aditamentos que ofrezcan las seguridades del caso…”.


Estamos celebrando el bicentenario. Y dicen que no hay mal que dure 100 años. ¡Con la Feria de las Flores encima!