Columnistas

Confiar es creer
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
30 de Julio de 2013


La confianza como valor es determinante para la convivencia humana y uno de los m醩 dif韈iles de practicar y conservar.

La confianza como valor es determinante para la convivencia humana y uno de los más difíciles de practicar y conservar. Desde algunas teorías de las relaciones humanas, el de la confianza es uno de los conceptos más complejos de definir y aunque muchos la asumen como una actitud de expectativa futura frente a una situación o a las acciones de otro, en su definición más simple es entendida como la sensación de esperanza o seguridad que se crea sobre una persona o frente a una situación definitiva para la vida.


El término confianza viene del latín confidentia, que evoca primero la confianza en sí mismo y  luego en los demás. En otra acepción, puede entenderse como la familiaridad en el trato o forma de relación entre dos o más personas. En algunas culturas, la confianza se asocia a la fe y a la idea de esperanza, de acuerdo total o de valor. 


Para que fluya cualquier tipo de relación sea afectiva, comercial, laboral o familiar, se debe tener la absoluta certeza de que se puede confiar en el otro. Sin confianza es imposible lograr propósitos, avanzar, crecer y evolucionar como personas.


Sí confiar en uno mismo no es sencillo, en un mundo como el actual donde las inseguridades y el miedo se escudan en la desconfianza, más complicado aún es confiar  en los demás porque lo que se está confiando no son sólo sentimientos y secretos sino también otro tipo de situaciones y cosas en las que puede estar en riesgo la estabilidad de las personas. Ganarse la confianza de los demás es un proceso largo que implica acuerdos y transparencia en el pensar, el expresar y el obrar de cada uno. Es un asunto de coherencia que comienza por el conocimiento del otro, identificando las características comunes para fortalecerlas y las diferencias para minimizarlas, es un proceso de crecimiento mutuo y en un ambiente de libertad en el que cada quien obre desde el sentir pero con la plena consciencia de las responsabilidades que implican sus actos.


Fiarse a otro, brindare confianza o como habitualmente se dice: “poner las manos en el fuego por otro”, implica una relación de reciprocidad y de  dependencia, en la que cuando por un error o una circunstancia adversa se quiebra la confianza, es toda una odisea, si es que se logra, recuperarla. Por eso es tan común compararla con una porcelana o un espejo que cuando se rompe, se puede reparar, pero nunca será igual porque siempre quedan las grietas.


La confianza es uno de los valores más frágiles de las personas, pero es indispensable para vivir en sociedad y relacionarse adecuadamente. Es un voto de fe con el que aunque se corren riesgos y se sienten temores, hay que asumirlo porque sería más difícil el camino si no se intentara confiar en alguien o en lograr algo. Aunque asusta, es mejor confiar que desconfiar porque cuando se cree firmemente en el otro o en el logro de un propósito, hay más probabilidad de que las relaciones fluyan y se cumpla cualquier objetivo. La desconfianza en cambio, genera inseguridad, baja autoestima e inestabilidad. La confianza conlleva a una disminución de la incertidumbre respecto a las acciones de los demás. Cuando se confía en el otro se cree en él y así  se simplifican los desacuerdos en las relaciones. Generalmente, cuando y donde hay confianza, suele darse una comunicación abierta, constructiva y honesta. George Washington, uno de los grandes dirigentes políticos del mundo decía que se debía ser cortes con todo el mundo, pero a pocos se les debía ofrecer la confianza.