Columnistas

Un poco más de conversación
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
30 de Julio de 2013


Sobre la consulta médica en estos tiempos de “calidad total en los procesos” parecen lugares comunes los siguientes comentarios: “No puede decirle tal cosa al doctor”, “tenía la agenda llena”, “casi ni me miró, sólo miraba la pantalla del computador…

Sobre la consulta médica en estos tiempos de “calidad total en los procesos” parecen lugares comunes los siguientes comentarios: “No puede decirle tal cosa al doctor”, “tenía la agenda llena”, “casi ni me miró, sólo miraba la pantalla del computador…” Se dice esto de lo que debiera ser un genuino encuentro interpersonal “algunos han definido el acto médico como un encuentro entre una necesidad, el paciente, y una conciencia, el médico-. Por extensión, esto vale para todos lo profesionales de la salud.  Cada vez lo que sucede en el interior de un consultorio hoy se parece más a un trámite de carácter administrativo, a un proceso que hace parte de una dinámica industrial, tal como lo concibiera Ford con su cadena de montaje de la que salía un producto final destinado a ser adquirido por los consumidores a cambio de unos dólares.  


Son  colosales los enemigos de la relación médico paciente como un encuentro entre dos personas que mutuamente confían. El imperativo comercial impuesto jurídicamente por una concepción materialista de la política y de la existencia humana, la extrema complejidad de la técnica, el proceso inevitable de la especialización, que llega a extremos cada vez más deshumanizadores e impersonales. En la práctica, otras realidades también marcan este  camino erróneo que han tomado las cosas: judicialización del acto médico, explotación comercial de la enfermedad y del temor a ella (“disease mongering”), la influencia “poderosísima- de una industria farmacéutica que impone sus criterios de venta de fármacos como uno de los imperativos económicos más determinantes del momento. 


Es bueno recordar a uno de los grandes clínicos de la medicina anglosajona: Sir William Osler, así, con su título de caballero, pues sirvió con inteligencia, esfuerzo y poderosa capacidad de trabajo a tres grandes naciones: Canadá, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Mundialmente el reconocimiento a la vida y obra de Osler es una constante, muy especialmente entre quienes  conocen la historia y el proceso de la enseñanza de la medicina interna como especialidad. Osler afirmaba que era necesario dejar que el paciente  le relatara al médico su diagnóstico; hacía énfasis en la necesidad de la escucha.  


Diagnosis, diagnóstico, diálogo: son términos que comparten su origen lingüístico y sus significados: se relacionan con encuentro, con compartir palabras e ideas, con aplicar la inteligencia a un fin bueno. También, con encuentro entre personas, entre amigos.


En medio de una dinámica de equivocado tecno-centrismo y de falsa industrialización de la medicina, es necesario mantener la vigencia del acto médico como lo que en su esencia es: encuentro interpersonal, y orientado hacia el bien total de ellas mismas. La inteligencia y  profundidad de Osler puede deducirse de su aforismo: “Uno de los deberes del médico es educar a las masas para que no tomen medicamentos”.