Columnistas

La imposible indiferencia
Autor: Jorge Arango Mejía
28 de Julio de 2013


“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.” Albert Einstein.

“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.” Albert Einstein.


Con la frase que encabeza este escrito, Einstein, uno de los hombres más inteligentes del siglo XX,  y, posiblemente, el más grande científico que ha tenido la humanidad en todos los tiempos, censuró la pasividad de la gente buena que ve los desmanes de algunos y sigue impasible, y oye los ruidos que hacen al cometer sus fechorías como quien oye llover. Y a esos espíritus blandos, transigentes, les dedicó esta otra que es demoledora: “El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad, pudiendo evitarla.”


Traigo a cuento estas gotas de sabiduría porque me parece que vienen como anillo al dedo en la situación que aflige a Colombia, y al Quindío especialmente, ocasionada  por la corrupción que todo lo invade, como  una mala hierba. Uno no puede menos que preguntarse: ¿Por qué más de seiscientas mil personas honradas agachan la cabeza, se someten sin luchar, y dejan que un puñado de bribones compre votos con dineros de oscura procedencia, acampe en las alturas del poder, y devore el tesoro público con  desmedido apetito? ¿Por qué, en fin, se resigna la inmensa mayoría y llega a la conclusión de que esos tigres de papel de la corrupción son invencibles, que no hay esperanza y que, para evitarse problemas, lo mejor es callar?


Todo el mundo tiene que convencerse de unas verdades fundamentales. 


La primera, que este de la lucha contra la corrupción no es un chico pleito: no, es el más grande que ha tenido Armenia en toda su historia, pues no exagero al decir que de sus resultas depende su supervivencia, o, al menos, su condición de ciudad donde se pueda vivir dignamente.  


La segunda, que este no es el problema  de una sola persona: es el de todos los armenios, de todos los quindianos que, en mayor o en menor medida, padecemos los efectos nocivos de esta peste que todos los días aumenta. 


La tercera, que esta tiene que ser una cruzada, la lucha de todo un pueblo contra quienes lo explotan y envilecen. El chance, en mala hora legalizado, que ha arruinado las loterías departamentales (hoy no venden más del 7 %, en promedio, de los 10.000 billetes que expiden para cada sorteo), ¿no es, por desventura, el verdadero opio del pueblo, que lo empobrece y lo degrada? Lo mismo que los millares de máquinas tragamonedas que todos los días arrebatan al obrero su salario y que hacen que los adolescentes sustraigan de los escasos ahorros de sus padres unos cuantos pesos para jugar en aquéllas, y adquieran así  dos vicios, a cual más perverso: apoderarse de lo ajeno y jugar.  ¿Y qué decir de los centenares de casinos por donde desfilan viejos, desocupados, en general los más pobres, que, alucinados por el espejismo de las ganancias fáciles, corren hacia la indigencia por ese camino?


Mientras tanto, ¿qué hace la señora alcaldesa frente a ese flagelo? Lo que escribí hace meses en esta columna y ahora  transcribo: 


“¿Es inmoral haber suprimido el impuesto de rifas, que existía en Armenia antes de la vigencia de la Ley 643 de 2001, lo mismo que el de industria y comercio a los casinos y al chance, también anterior a aquella norma? ¿A quiénes beneficia esa exención?  ¿Conocerá esos privilegiados la señora alcaldesa, que presentó el proyecto de acuerdo del Código de Rentas?” (Artículo publicado el 30 de diciembre de 2012, bajo el título “La administración contra la gente”.)


Ahora repito la pregunta a la señora alcaldesa y agrego: si lo que afirmé hace meses no es cierto, ¿por qué no me exigió rectificarlo? ¿Cuánto dejó de percibir el erario municipal en virtud de esa exoneración injustificada? En los años cincuentas del pasado siglo, Charles Wilson, presidente de la General Motors, pasó a la historia al decir: “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”. ¿Acaso lo parodia la señora alcaldesa, al repetir diariamente: “Lo que es bueno para Su Red y para los casinos, es bueno para Armenia”? ¿O no lo dice con palabras pero lo piensa y lo practica?