Columnistas

La defensa de la vida
Autor: Danny García Callejas
24 de Julio de 2013


Despierto, abro mis ojos y me encuentro con el privilegio de respirar.

Despierto, abro mis ojos y me encuentro con el privilegio de respirar. Cada uno de mis miembros funciona permitiéndome interactuar con mi entorno, caminar por la calle y llegar a mi trabajo. Tengo la fortuna de reír y mirar hacia el futuro con sueños, esperanzas, ambiciones y esperando vivir cada día como el último.


Pero para muchos en nuestras ciudades y pueblos ese último día llega antes de lo pensado. El sonido de balas ciertas y perdidas acompañan el vuelo de pájaros que pueden escapar ante el ruido y el miedo. Los humanos carecemos de alas y debemos padecer el terror y el odio de quienes llegan para asesinar, torturar o secuestrar.


Lo más triste, es que las estadísticas sugieren que son las personas que conocemos, quienes están más cerca, las más proclives a causarnos dolor, maltratos, torturas psicológicas, quitarnos nuestra vida y hasta arrebatarnos nuestra dignidad. Sin duda, las drogas y el alcohol pueden ser terribles detonantes e impulsores de furia y crueldad.


En 2012, 1.249 personas fueron asesinadas en Medellín, es decir, 52 personas por cada 100,000 habitantes, según el Informe sobre la situación de los derechos humanos en la ciudad de Medellín para 2012 de la Personería. Aunque una cifra menor a la de 2009, 2010 o 2011, supera lo sucedido en 2005, 2006, 2007 o 2008.


Como bien lo expresaron los verdes durante la campaña presidencial de 2010: “la vida es sagrada”. Sin duda, la búsqueda de un país y ciudades más pacíficas fue uno de los lemas que enamoró. Y es que cada vida es valiosa en sí misma, pero es agónico cuando se nos impide disfrutarla o vivimos en medio del terror.


En 2012 fueron 521 las personas desaparecidas en Medellín, de las cuales 320 aún no sabemos nada. Y son las comunas de la Candelaria, Robledo y Popular donde se concentra el mayor número de casos, según la Personería de Medellín. Esta práctica es inadmisible, cruel, inhumana y de las más dolorosas.


Las autoridades y la Alcaldía de Medellín implementan diversas estrategias, como el aumento del pie de fuerza y más recursos para la seguridad de la ciudadanía. Pero se requiere que toda la sociedad se movilice para rechazar estos actos y también para actuar. Debemos denunciar, señalar y aislar a los violentos.


Solo cuando estemos dispuestos a valorar la vida de los demás como la nuestra propia y decididos a defender la igualdad de oportunidades sin racismos, clasismos ni odios, podremos empezar a pensar en una ciudad para la vida. Por ahora, debemos apoyar y promover la defensa de los derechos humanos; la defensa de la vida.


* Profesor, Departamento de Economía Universidad de Antioquia