Columnistas

Los 230 años de don Simón Bolívar
Autor: Alvaro T. López
23 de Julio de 2013


El parque de la Independencia de Santa Marta, con el cambio de nombre, solamente asumió el sublime símbolo de la libertad, de la pertenencia y el compromiso ético: Simón Bolívar.

El parque de la Independencia de Santa Marta, con el cambio de nombre, solamente asumió el sublime símbolo de la libertad, de la pertenencia y el compromiso ético: Simón Bolívar. La fecha del 24 de julio, cuando se cumplen 230 años de su natalicio, nos debe llevar a la reflexión, no solo sobre su pensamiento liberal y libertario, sino sobre los fundamentos de la República. Luego de las épocas de descubrimiento y conquista, de que la sangre de los nativos y de los negros venidos del África regara y abonara el suelo americano, la misma Europa esclavizante produjo las semillas revolucionarias de la independencia. Una aristocracia decadente e inútil, las tesis liberales de los intelectuales franceses e ingleses y la decidida espada de criollos, rompieron las cadenas.


En 1783, en la ciudad de Caracas, nace Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, en una familia mantuana pura, y en un ambiente que comenzaba a caldearse con las ideas independentistas. El pedazo de América que es su patria, está hoy añorando otra campaña libertadora. Los falsos herederos del pensamiento bolivarista la han sumido en la total desesperanza, déspotas tiranos acallan las voces del pueblo y entonan himnos de muerte de lo más sagrado, que es la democracia. Y el entorno americanista de Sanmartín y el mismo Bolívar, se ha convertido en escenario en el que las pequeñeces de nuestros mandatarios aplauden el oprobioso desmadre de la intolerancia y el irrespeto. Sufre la tierra de Miranda y Bolívar.


Y los colombianos no estamos mejor. Es como si los que sumieron al Libertador en la inopia vergonzosa, los que lo llevaron al destierro, los que pisotearon su tumba, hubieran recobrado la vida. El bienestar de los colombianos, bien vale que derrotemos militarmente a los malos, en vez de proporcionarles lujos e inmerecidos honores. La salud de la Patria requiere de grandes talentos para dirigirla, para defenderla, para fijar posiciones erguidas, para defender a sus hijos de la barbarie de los que han proscrito la paz. No hay que inventar nada distinto de lo que requiere un pueblo para su felicidad; no hay que sacrificar el destino colectivo para ganar unas elecciones; no hay que desviar las acciones propias de la responsabilidad del mando; solo hay que merecer respeto, dando respeto.


 Nunca nos imaginamos los colombianos que el responsable de las acciones de paz en otro gobierno, iba a revivir a los guerrilleros como interlocutores políticos. Pero como el mismo Presidente lo da a entender en las inentendibles entrevistas de hace una semana, no es un asunto de traición, sino de talante. Es una lección que se dirige a quienes están empeñados en darle norte al futuro, para que la aprendan. La única forma de mantener el tren que nos lleva a la superación, es la creación de cuadros que ideen planes a largo plazo, es la institución de un pensamiento filosófico de largo aliento, más allá de los nombres, las personas y los intereses. Es tiempo de que la política recobre la ambición bolivarista de unidad de destino y convivencia en paz de nuestra gente.