Editorial

Industria, revaluación y sofismas
21 de Julio de 2013


Ante la decisión, que saludamos con esperanza, de apoyar la recuperación industrial, y ojalá también el sector agropecuario, se precisa acertar en el diagnóstico del sector y definir las prioridades de acción.

En reunión con el Consejo Gremial, el presidente Santos y los ministros de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santa María y de Comercio, Sergio Díaz-Granados, anunciaron el fin de la etapa de firma de tratados de libre comercio, declarándose satisfechos con el trabajo de veinte años para abrir nuevos mercados. ¿Su razón?: “ya está completa la primera fase que nos permite ampliar mercados con más consumidores y más competencia”, según indicó el ministro de Hacienda, quien agregó que “tenemos que concentrarnos en la política industrial”. Según su colega de la cartera de Comercio, eso significa que se implementarán “una serie de programas, como el del sector automotor, específicos, sectoriales, que ayuden a incrementar su producción”, según anuncios del ministro de Comercio.


Según el Dane, en el mes de mayo la industria registró una caída de 3,1 %, por cuenta del retroceso de 25 de los 48 subsectores registrados, siendo los sectores más afectados, los de vehículos (-24,8 %), ingenios (-29,6 %), minerales no metálicos (-6,3 %).  Esta caída implica la pérdida del 2 % de los puestos de trabajo en la industria solo durante el mes de mayo y da muestras de las serias dificultades del sector. Aunque según su Encuesta de Opinión, la industria creció 0,1 % en mayo, la Andi denuncia que “la utilización de la capacidad instalada está por debajo del promedio histórico y los industriales enfrentan problemas de demanda, contrabando y baja rentabilidad”.  Aunque los datos del sector agropecuario no se encuentran actualizados con la precisión de los industriales, el campo también enfrenta la caída de ingresos y rentabilidad. 


Ante la decisión, que saludamos con esperanza, de apoyar la recuperación industrial, y ojalá también el sector agropecuario, se precisa acertar en el diagnóstico del sector y definir las prioridades de acción. Es posible que, como dice el presidente de la Andi, doctor Luis Carlos Villegas, un “entorno internacional con bajos crecimientos y una persistente inestabilidad e incertidumbre” y atrasos estructurales en “infraestructura, educación, ciencia, tecnología e innovación, formalización, mercado de capitales e instituciones”, contribuyen al deterioro de la industria. Esos, sin embargo, son problemas ad-látere del que sí está en la causa de las dificultades de los exportadores colombianos: la revaluación, que es tan dañina que mereció ser calificada por el ministro Cárdenas como “la madre de todos los problemas”. 


Entendemos las declaraciones que el pasado miércoles dio el ministro de Hacienda indicando que “el Banco de la República ya fijó una meta en millones de dólares de compra y vamos a mantenernos en ese ritmo” como producto de su esperanza en que el peso mantenga el comportamiento del primer semestre, en el que logró escalar de $1.770 a $1.920, en un proceso de devaluación que dio esperanzas a los exportadores. Sin embargo, y como alertaron analistas que observaban los cambios del dólar por la estabilización de la economía estadounidense, la divisa ha vuelto a caer y este viernes acusó una caída de $50 en tan solo una semana, un síntoma que inquieta a los empresarios y que confirma los vaivenes a que está sometida la divisa, en virtud de la ortodoxia defendida por la Junta del Banco de la República, pasando por encima de las evidencias de otros países que han optado por controles equilibrados a fin de garantizar la competitividad  de sus empresarios en el competido mercado internacional.


Las políticas de incentivo a la industria lograrán impactar el fortalecimiento de ese sector y su crecimiento, así como del agropecuario, cuando en la mesa que definirá las alternativas a adoptar, participen los responsables de una política monetaria que encarece sus productos en mercados que no solo se han abierto para Colombia sino también para muchos de sus competidores y que abarata mercancías que ingresan por vías convencionales y muy especialmente por los tortuosos caminos del contrabando para competir en su mercado natural con los empresarios nacionales. Como el país espera mucho de una política que incentive la generación de desarrollo desde sus propias empresas, confía también en que las autoridades y los líderes gremiales sí consigan tomar el toro de la revaluación por sus cuernos.