Columnistas

¡Qué han hecho de mi ciudad!
Autor: Jorge Arango Mejía
21 de Julio de 2013


Escribo sobre Armenia, mi ciudad, para denunciar cómo tahúres, aventureros y charlatanes que se han apoderado de la administración, entran a saco en el erario, reparten contratos a diestra y siniestra

Escribo sobre Armenia, mi ciudad, para denunciar cómo tahúres, aventureros y charlatanes que se han apoderado de la administración, entran a saco en el erario, reparten contratos a diestra y siniestra, reciben mordidas que exigen descaradamente y, en fin, han implantado un remedo de gobierno que es, realmente, anarquía, desorden y corrupción nunca vistos. Y cómo gentes de baja condición y de malas costumbres, convertidas en amos, sin méritos ni virtudes,  medran a costillas del pueblo, de todos los que pagamos impuestos. 


Denunciar, en síntesis, lo que avergüenza a los quindianos en estos tiempos oscuros del “carrielazgo” oprobioso.  Sistema que deshonra a la ciudad y al departamento, y  cuyo símbolo será el monumento al carriel y los dados que, dicen algunos, reemplazará el dromedario de bronce que retiraron de la Avenida de los Camellos.  


No hay que andarse por las ramas: es menester llamar las cosas por su nombre. Lo contrario –callarse, disimular, hacerse el desentendido- no es buena educación sino cobardía.


¿Qué cuento es éste de “Ciudades Amables”? Solamente un festín que se dan algunos empleadillos, parásitos de la administración pública, que devoran con glotonería los dineros públicos. Bastan algunos ejemplos, que no agotan la lista de las rapacerías de estos truhanes.


Paraderos de buses, a toda hora desiertos, buenos para nada, que dizque le han costado al erario 1.300 millones de pesos, cada uno, cuando un contratista honrado los haría por 200 millones y obtendría una razonable ganancia de un 15 o 20 por ciento.


Unas casetas, que ellos llaman módulos –sólo para descrestar calentanos-, destinadas a invadir a perpetuidad el espacio público, en las cuales, al lado del pandequeso y las chucherías, se venderán el bazuko y todas las sustancias semejantes.  ¿Cómo son? Una especie de latas de sardinas, tan estrechas que sus ocupantes estarán, literalmente, enlatados, sometidos a las inclemencias del sol y de los chaparrones tropicales.  Alguien los ha llamado, sin ánimo de hacer un chiste, orinales sin desagüe. Pues no tienen agua ni siquiera para que sus ocupantes se laven las manos, antes de usarlas para entregar a sus clientes los alimentos  antihigiénicos que venden bajo la mirada complaciente de sedicentes autoridades. ¿Cuánto ha costado al tesoro público, cada uno de estos esperpentos, que serán 320 (solamente en el centro de Armenia)? Al decir de los propios funcionarios que los compran con la plata de todos, nada menos que ¡8 millones de pesos!  Son semejantes a los pozos sépticos que, pagados con la plata del pueblo, costaban cuatro veces lo que tendría que desembolsar un particular por ellos. Por lo visto,  en el Quindío, ¡si por la Gobernación llueve, por la Alcaldía de Armenia, no escampa! 


Pero no acaba aquí esta vergonzosa lista. Ahora, después de pregonar con desparpajo que “invertirían” en la Avenida 19 de Enero, aproximadamente 70.000 millones de pesos (¿En qué, se preguntarán los ingenuos, si fue construida hace más de 40 años y su pavimento está en buen estado?); se han dedicado a destruir el pavimento de andenes y calzada, para reemplazarlo por otro que será de inferior calidad, con toda seguridad. ¿Por qué? Porque el contrato da para todo, y para todos. No se olvide que aquí los contratistas escogidos a dedo, son peores que los Nulles. Además, no hay control fiscal y la justicia no anda a paso de tortuga: no, es paralítica, ciega, sorda y muda.


Las elecciones se aproximan y hay que regalar 200 armatostes, también de hojalata, para vendedores callejeros de arepas.  ¿Qué importa malgastar 300 o 400 millones más,   si hay centenares de miles de millones de CIUDADES AMABLES para derrochar, y aquí (al parecer) no rige el artículo 355 de la Constitución, que prohibe  a todas las ramas u órganos del poder decretar auxilios o donaciones a favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado? ¡Que bueno ser alcalde de la ciudad sin Dios ni ley!


A todas estas, con rabia, sólo exclamo: ¡Qué han  hecho de mi ciudad! Y pierden el tiempo amenazándome: como escribió Shakespeare, “El  cobarde sufre mil muertes; el valiente muere una sola vez.”  Y de todo podrán tildarme mis malquerientes, menos de cobarde.