Editorial

Las perlas de Iván Márquez
16 de Julio de 2013


La valiente interlocución, tan ausente cuando los medios entrevistan a guerrilleros, paramilitares, o criminales con poder de intimidación, permitió que Luciano Marín (a. Iván Márquez) mostrara sus cartas.

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Con valentía extraña en los medios nacionales de comunicación, el equipo de trabajo de RCN que lidera la periodista Yolanda Ruiz, realizó ayer la entrevista que el país esperaba sobre las negociaciones de La Habana: planteada desde los colombianos que respaldamos un acuerdo de cese al conflicto con la guerrilla de las Farc pero en el marco del respeto por las víctimas y la democracia. La valiente interlocución, tan ausente cuando los medios entrevistan a guerrilleros, paramilitares, o criminales con poder de intimidación, permitió que Luciano Marín (a. Iván Márquez) mostrara sus cartas y que el país pueda valorar el alcance de las responsabilidades que las Farc están dispuestas a reconocer y asumir en pro de la paz.


La amplia conversación deja muchas inquietudes sobre la actitud de esa guerrilla en la mesa de negociación, su grado de conexión con el país y las posibilidades de un acuerdo respetuoso con los colombianos. Podría esperarse un mayor realismo de su parte, por ejemplo, tras múltiples manifestaciones populares y marchas en su contra, y el que el 98 % de los colombianos, según la última encuesta de Napoleón Franco, tenga un mal concepto de las Farc. Pretender, como dice alias Iván Márquez, que “si nos hemos mantenido durante tantos años es porque el pueblo nos quiere, porque tenemos el afecto de la población” es tapar el sol con un dedo y pasar por encima de la verdad palpable en el miedo de los pueblos amenazados por su presencia: allí donde se les tolera es, en la gran mayoría de los casos, por físico miedo a su capacidad criminal.


Hemos seguido con mucha preocupación, que hoy ratificamos, las discusiones sobre el reconocimiento  y la reparación a las víctimas. Decir que “el tema de las víctimas se toma como un inamovible: -‘Ustedes tienen que ir a la cárcel, no pueden hacer política’, ¿qué se logra con eso?, que se mantenga la guerra, que se generen más víctimas” es chantajear al pueblo colombiano que ha aceptado buscar caminos de justicia transicional que precisamente permitan reparar a las víctimas y abrir un camino a los acuerdos de fin del conflicto con las Farc, una de las acciones que podrían conducir a la paz.


Para colmo del cinismo, el guerrillero Marín la emprende contra el Estado, en abusiva confusión de sus políticas con los errores de algunos miembros de la Fuerza Pública que traicionaron su investidura, y retrocede hasta hechos superados en el Acuerdo de Benidorm. ¿Para qué una justicia transicional si sus sujetos ni siquiera están dispuestos a reconocer sus faltas? es inaceptable sostener que las Farc no han calculado de manera sistemática acciones contra la población civil y que “nuestras acciones son contra objetivos militares, en algunas partes las guarniciones están en el centro de la población, usando a la población como escudos humanos”. ¿Dónde quedan los miles de secuestros y asesinatos, los mártires de Urrao, las víctimas de Bojayá, los diputados del Valle del Cauca, las víctimas de minas antipersonal, y tantos otros civiles arrasados por las Farc? La negación de verdades a la vista de todos es síntoma de máximo cinismo o de extrema crueldad de los invitados por el pueblo colombiano a una mesa de la que el país espera un acuerdo justo.


Claro, es difícil esperar voluntad de verdad y reparación a las víctimas de parte de quien rechaza responder sobre temas como la dejación de armas o la reparación a las víctimas y  demuestra que carece de capacidad autocrítica cuando a la pregunta “¿Se arrepiente de algo?”, contesta “De ser guerrillero, no, nunca lo haría, me siento orgulloso de haber hecho uso de un derecho universal: el del alzamiento en armas contra gobiernos tiránicos”. Equiparar el acto criminal voluntario, el hacerse asesino por decisión propia, que es lo que han hecho guerrilleros y paramilitares en Colombia, con los Derechos Humanos, sustento de la civilización, es confirmar lo que el país ha venido aprendiendo de esta guerrilla: que sufre de aislamiento con la nación colombiana y con la realidad actual.


La distancia con la vida nacional de las Farc se relata en la sentencia: “si Colombia se convierte en un país realmente democrático, donde se reconoce la oposición política y social, donde se reconoce el derecho a la participación ciudadana en los debates y decisiones (…) no habrá necesidad del uso de las armas”. Democracia es lo que ha construido la ciudadanía a pesar de las Farc, sus presiones armadas, su cercenamiento a la libertad humana, para la muestra los procesos de participación ciudadana, las discusiones amplias, el uso de instrumentos cada vez más al alcance de gentes que han escogido la palabra y el voto como opciones para forjar el país que esperan compartir con colombianos distintos a ellos, sus ideas y esperanzas. Como dijimos, quedan muchos temas pendientes de análisis y necesarias revisiones a un proceso que el país espera prospere, pero con verdad, justicia y reparación.




Comentarios
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Jaime
2013/07/16 02:09:38 pm
Yo vuelvo y pregnto: Con quien estamos negociando. Uno negocia con una persona o entidad sensata y responsable de sus actos.