Columnistas

Orqu韉eas.. y p醞aros enjaulados
Autor: Anibal Vallejo Rend髇
16 de Julio de 2013


揝e駉r Inspector de Permanencia, atentamente nos permitimos poner a su disposici髇 al se駉r Manuel L髉ez O. para que de acuerdo con el decreto 564 bis de julio de 1950 en su art韈ulo 12, se digne sancionarlo con la suma de $10.

“Señor Inspector de Permanencia, atentamente nos permitimos poner a su disposición al señor Manuel López O. para que de acuerdo con el decreto 564 bis de julio de 1950 en su artículo 12, se digne sancionarlo con la suma de $10. Además rogamos a usted se digne conminar al mencionado señor con la suma de $20 para que en lo sucesivo se abstenga de reincidir en la misma falta, pues él personalmente dice que tiene otra cerbatana para tirarle a los pájaros”. Este oficio fechado el 16 de octubre de 1953 fue dirigido por la secretaría de la Sociedad Protectora de Animales y es una muestra de las tantas situaciones enfrentadas por la entidad desde principios del siglo XX. La captura, comercialización y matanza de los pájaros llegaron a convertirse en un problema de gran magnitud. Como si fuera poca la participación de los adultos las oleadas de los escolares asolaban en forma incontrolada la población de aves. En oficio dirigido al Comandante de la Policía se le anotaba: “como es de dominio público, al llegar el periodo de vacaciones, vienen consigo un sinnúmero de problemas en contra de la tranquilidad pública; nos queremos referir al peligro que representan los grupos de menores, sin descartar a los mayores, que vagan por las calles, parques, autopistas, carreteras, etc., los cuales se dedican a toda clase de deportes, aún a los más peligrosos, como son las hondas o caucheras, cerbatanas, rifles, etc. artefactos estos que no tienen otro uso que el de destruir aves, bombillas, causar lesiones a las personas…” Fue tal la destrucción causada por las hondas que se llegó a controlar la venta de los llamados hilos de caucho el cual era decomisado en almacenes que no llevaran el control determinado por las autoridades.


Con la implementación de normas legales se logró detener este vandalismo, además de no permitir el comercio callejero de las aves. Tiempo después apareció la moda de las mal llamadas aves ornamentales ya que el Código Nacional de Recursos Naturales señaló las especies de prohibido comercio. Las aves cautivas no dejan de ser posesiones consideradas como mercancías. Sus tenedores desconocen las peculiaridades como seres vivos. Algunas aves ingieren variedad de sustancias nutritivas, cambiando incluso de régimen de acuerdo a los lugares y las épocas. Otras aves solo aceptan una clase de alimentos con exclusión de los demás. Aquellos pájaros que el ser humano mantiene en cautiverio se convierten en adornos colgantes, como si fueran matas, en reducidos balcones soportando las inclemencias del tiempo y esperando lo que su captor le quiera dar de alimento sin consideración a sus necesidades físicas de buscar, intercambiar con otros de su especie, anidar, cortejar, procrear y sobre todo, volar. El evento Orquídeas, pájaros y flores, pone ante la opinión pública el interrogante de si esta es la manera adecuada para resaltar la belleza de unas especies confinadas contrariando los postulados que ahora tanto se proclaman del bienestar animal: las cinco libertades que públicamente se les niegan. Tristemente con el correr del tiempo hemos pasado de las caucheras y los rifles a las jaulas de confinamiento.


P.D. Esas voces sin identificar  que en el mes de junio de 1917 se oían en las desoladas carreteras en las afueras de Medellín y que la prensa reseñaba como misteriosas se dejaron de oír cuando en primera página de El Colombiano se publicó de manera destacada el 25 de agosto de 1917: “hoy a las 8 sensacional estreno de Ocultus, función dividida en tres importantísimas partes que se llevará a efecto en el Teatro Medellín (en ese momento llamado Teatro Bolívar).