Columnistas

La prensa ultrajada
Autor: Iv醤 Guzm醤 L髉ez
16 de Julio de 2013


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Sin duda alguna, el derecho a la información, pasa por un momento difícil. En Colombia, las denuncias de atentados contra la libertad de prensa, son constantes. Son blanco de esos atentados, periodistas y comunicadores sociales de todo tipo de medios, aún de los públicos, y van desde censura, autocensura, acoso, amenazas, palizas, atentados, y no pocos asesinatos, en especial de reporteros. La impunidad, en estos casos, es del 95%. 


En el ámbito latinoamericano, tenemos que referirnos a la situación de Ecuador, donde la Asamblea General de ese país, acaba de aprobar por unanimidad  la nueva “Ley de Comunicación”. El hecho  hace que estemos de acuerdo con El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York, al expresar  su “consternación”  por dicha ley. Como lo dijo Carlos Lauría, coordinador para las Américas del CPJ, ella representa  un “duro golpe a la libertad de expresión y es el último paso en el deterioro de la libertad de prensa en Ecuador, registrado durante la presidencia de Rafael Correa”. 


Ante estas circunstancias, nos unimos a las asociaciones de periodistas y medios de prensa, así como a organismos de derechos humanos, para señalar el caso ecuatoriano como un grave retroceso para la región en materia de libertad de expresión.


Lo más lamentable es que con la ley aprobada por la Asamblea Nacional de Ecuador, el gobierno de Correa impone  claras disposiciones restrictivas, y su lenguaje, en algunos pasajes ambiguo, no hace más que contradecir las garantías constitucionales y normas internacionales sobre libertad de expresión, tal como lo denunció el citado periodista Carlos Lauría, al igual que otros medios y organizaciones ecuatorianas y extranjeras. 


 La nueva normativa establece la regulación de los contenidos editoriales y otorga a las autoridades la capacidad de imponer sanciones arbitrarias y censurar a la prensa. En general, es claro que esa ley, entendida como  un conjunto de normas casi todas contrarias a la libertad de prensa y expresión, lo que hace es propiciar un retroceso histórico, no sólo para Ecuador, sino para toda América Latina, y es de una gravedad extraordinaria, a tal punto que en ninguna latitud se puede soportar, pues ello equivale a someter a la prensa a un simple instrumento oficial, desconociendo el libre ejercicio de informar y el derecho que los ciudadanos tienen de estar veraz y oportunamente informados.


El Círculo de Periodistas de Antioquia, CIPA, agremiación que hoy me honro en presidir, no es ajeno en momento alguno de esta realidad, y denuncia el hecho como un precedente nefasto que es necesario rechazar, pues en ello encuentra enajenada la deontología del periodista, que jura informar con veracidad y oportunidad. Perdida esta axiología, es difícil hablar de una prensa libre, constructora y soporte de verdaderas democracias. 


Puntada final: la tarea de la prensa, ajena a genuflexiones oficiales, es la de informar y denunciar lo que encuentre oscuro, ajeno a la ética o contrario a los intereses de la comunidad. Una, dos, tres, y cien veces, si es necesario.