Columnistas

Riesgo Compartido
Autor: Henry Horacio Chaves P.
15 de Julio de 2013


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Aunque no menciona mi nombre, Jorge Alberto Velásquez en su columna del jueves hizo alusión a la mía. Televisión pública y no oficial dice él, una aspiración que compartimos pero que no siempre ha estado ligada con la realidad. Tiene razón cuando dice que no fue en el gobierno de Uribe que la gobernación asumió el control de los noticieros. Lo sabe porque él fue gerente de Teleantioquia en el último tramo de esa administración y aún se contrataba mediante licitación pública con las productoras de televisión. De hecho él llegó el 3 de julio a administrar una polémica licitación que había comenzado a operar en marzo de 1997 y que introdujo un cambio sustancial en el esquema: los contratos de riesgo compartido que hacían a la Gobernación socia comercial de los noticieros.


El esquema fue montado por el gerente Luis Fernando Urrea, pero como quedó registrado en varios medios (entre ellos la Revista Cierto, en la que también compartimos escenario con Jorge Alberto), hubo muchos temores sobre la injerencia que podría tener el ejecutivo en los informativos que hasta entonces eran independientes de las administraciones. El nuevo esquema encendió las alertas y en la reseña de su nombramiento como gerente, Cierto lo destaca como un acierto dado que su trayectoria y carácter eran prenda de garantía para respetar la autonomía de los noticieros, “Aunque, a decir verdad, ni uno solo de los seis informativos del canal 5 ha mostrado hasta el momento asomos de controvertir la labor del gobierno departamental en ninguno de sus frentes, desde que se inició la vigencia de los nuevos contratos, el pasado 1 de marzo”. 


Bien lo expresó la revista cuando calificó a Velásquez como un representante del periodismo decente. Entre otras estrategias para garantizar la idoneidad e independencia de los noticieros, publicó un manual de estilo que le mereció la crítica de algunos que creían que no era labor suya sino de los periodistas; pero como ellos no lo hicieron tuvieron que acoger el del canal. Dicho sea de paso, creo que era un manual de estilo ajustado a la realidad del momento y coherente con la ética. También nombró tras un concurso de méritos a la periodista Patricia Juan como la primera defensora del televidente. Un nombramiento que después otro gerente reversó y reemplazó por una figura colectiva.


De modo que tiene razón: no fue en el gobierno de Uribe en que se materializó ese control, aunque si fue allí donde se empezó a incubar la idea con los cambios señalados. Se abrió el camino, a pesar de las buenas intenciones y ejecutorias de quien había presenciado el debate como jefe de redacción de El Colombiano. Él hizo bien su tarea y como lo anota, llegó al momento de adelantar los debates con los candidatos a la gobernación. Pero el huevo estaba empollado y unos años más tarde la gobernación asumió el control directo de los noticieros, contrató su realización primero con Teleproducciones y luego con la cooperativa de trabajo asociado Setel, de la que obró como padrino para su creación el propio canal. Los resultados de esa intervención son los que nos tienen hablando del tema, aunque son muchos más los ejemplos. Insisto, ojalá nos pareciéramos más a la BBC pero estamos lejos.