Columnistas

Mientras charlan en La Habana: ¿qué pasa en Colombia? II
Autor: Jorge Arango Mejía
14 de Julio de 2013


Comencé a escribir sobre este tema el pasado 30 de junio. No pude continuar el domingo 7, porque la infamia cometida por el gobierno y el Senado al atender una solicitud del senador Juan Manuel Galán.

Comencé a escribir sobre este tema el pasado 30 de junio. No pude continuar el domingo 7, porque la infamia cometida por el gobierno y el Senado al atender una solicitud del senador Juan Manuel Galán y retirar de un proyecto de ley un artículo que beneficiaría a millares de ancianos y minusválidos  que están en prisión, solamente porque también permitiría que Alberto Santofimio recibiera el beneficio de casa por cárcel; me obligó a escribir el artículo que titulé ¡BASTA YA DE INFAMIAS! Escrito que, para bien de la justicia, ha circulado por las redes cibernéticas y ha llegado a millones de gentes. Así ha comenzado a formarse un formidable movimiento de opinión que arrasará el tinglado montado por los Galán Pachón, Virginia Vallejo, “Popeye”, Oviedo Alfaro y otros “personajes respetables” que no vale la pena mencionar, para inducir a la Sala Penal de la Corte a condenar a un inocente. Amanecerá y veremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos  deshacer esa atrocidad… Y quienes  urdieron la conjura, serán castigados. ¡Que no lo duden!


Los cotilleos de La Habana, que el gobierno denomina “proceso de paz”, comenzaron en silencio, como para que no se enteraran los colombianos. En esas charlas participó -¿solamente por amor al arte?-, Enrique, el hermano del presidente Santos, pues a éste no lo trasnocha aquello del nepotismo, como lo demuestra la permanencia de Rodríguez, antiguo empleado de El Tiempo, y hermano de Tutina, en la embajada de Colombia en Londres.


Un riesgo que está a la vista es el de las acusaciones que harán los de las Farc contra las víctimas de sus extorsiones. El caso de Guillermo Gaviria Echeverri con los paramilitares, se repetirá por decenas de millares. Pues por un colombiano extorsionado por los paramilitares, decenas –o hasta centenares-  de miles lo han sido por las Farc y  el Eln, que aún persisten en ese delito horroroso. Y habrá fiscales y jueces crédulos, torpes o esclavos de sus resentimientos, que les creerán más a los criminales conversos que a sus víctimas inocentes. 


A ese resultado se llegará por el complejo de inferioridad del gobierno frente a los bandidos de las Farc, con quienes los  representantes de aquél dialogan o negocian como si ya los criminales hubieran vencido y solamente se tratara de acordar los términos de la rendición de las Fuerzas Armadas de la república.


Entre tanto, ¿qué pasa en Colombia? 


Arrecia la violencia de los criminales de todas las especies: “organizados” (Farc y Eln), menos organizados (“comunes”), nuevos (bacrín), y de “cuello blanco”, esta última contra el erario que saquean inmisericordemente. 


Aumenta la corrupción, a pesar de los esfuerzos (¿reales o fingidos?) del gobierno para “reducirla a sus justas proporciones”, como dijera Julio César Turbay en su tiempo. El Tiempo, vocero oficial del régimen, se ve obligado a publicar una encuesta de Transparencia Internacional, según la cual el “56% de los colombianos cree que el nivel de la corrupción ha aumentado en los últimos 24 meses… y que un 28% adicional afirmó  que este “cáncer” se ha mantenido inalterable en el mismo tiempo.” Y que el 62% de los encuestados considera que el problema de la corrupción es “muy grave” en el sector público.


No hay para que hablar de la miseria creciente, a pesar de las estadísticas del Dane…


Crece la protesta, que en el caso de los agricultores, ahora más abandonados que nunca, es justificada, por los efectos negativos  de la irresponsabilidad de firmar al mismo tiempo tratados de libre comercio con 27 naciones.


No lo ve así el presidente Santos. Al parecer, alguien le ha creado un país de ensueño, como el que creara el ministro Gregorio Potemkin para su amante, la zarina Catalina II Rusia, llamada Catalina la Grande. El valido le organizó a la soberana una gira por Crimea, recién conquistada; y, para impresionarla, armaba aldeas de cartón, perfectamente pintadas, por cuyas calles paseaban gentes felices, rodeadas de prados donde pastaban hermosos rebaños. Durante la noche se trasladaban y se armaban en otro sitio. En la mañana estaban listas para que la Zarina las contemplara de lejos. Eran las “villas Potemkin”.  Ese mismo país de fábula es el que ven Santos y sus áulicos: un sueño. ¡Temámosle al despertar!