Columnistas

Polo a tierra
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
9 de Julio de 2013


Pero, sin incurrir en la par醔ola de las uvas verdes, y reconociendo la convicci髇, la seriedad y la pasi髇 con la que nuestro alcalde y su equipo impulsaron este proyecto, podr韆 decirse que este fracaso nos pone polo a tierra.

Hace poco, en una entrevista realizada en un canal regional, Francisco Maturana contó que en las vísperas del mundial de fútbol de 1994, cuando muchos daban al seleccionado nacional como serio candidato a ser campeón del mundo, le preguntó a Franz Beckenbauer si consideraba posible un triunfo colombiano y el Kaiser, sin dudarlo, respondió que no. Al preguntarle Maturana el porqué, la respuesta fue contundente: ¡porque no tienen historia! Finalmente el desenlace de ese mundial le dio la razón a Beckenbauer. 


El anterior recuerdo, más allá de lo anecdótico, puede aplicarse a situaciones vividas en nuestra realidad reciente y en concreto, a la derrota de la candidatura de Medellín para ser sede de la tercera versión  los Juegos Olímpicos de la Juventud: nos faltó historia.


Bastó con que la delegación argentina, menos nutrida y, aparentemente, menos calificada que la nuestra, hiciera una presentación simple, con referencias a Evita y al tango y, por supuesto, a deportistas como Lionel Messi, David Nalbandian y Gabriela Sabatini, para que la sede fuera asignada a Buenos Aires.  Es posible que parte de la explicación esté precisamente en que Buenos Aires tiene historia mientras que nosotros estamos empezando a construir la nuestra o en otras palabras: Buenos Aires no necesita venderse mientras que nuestro esfuerzo de ventas es descomunal. 


Pero, sin incurrir en la parábola de las uvas verdes, y reconociendo la convicción, la seriedad y la pasión con la que nuestro alcalde y su equipo impulsaron este proyecto, podría decirse que este fracaso nos pone polo a tierra.  Durante mucho tiempo la proyección de buena imagen se convirtió en una obsesión, posiblemente con razón por los estigmas de malas épocas vividas. Esto trajo como consecuencia que se privilegie el cómo nos ven al cómo somos y permanentemente buscamos que nos legitimen desde afuera y una de las maneras de hacerlo es a través de eventos resonantes.  La conferencia del BID, los Juegos Suramericanos, el concierto de Madonna, el reconocimiento como la ciudad más innovadora y los eventos  y reconocimientos que vienen, además de generar una dinámica alrededor de los mismos y de buscar el posicionamiento de Medellín como ciudad de eventos, también buscan un innegable efecto legitimador del mundo hacia la ciudad.


Sin desconocer la importancia de tal legitimación externa, debemos empezar a pensar en una legitimación propia. Lo importante no es que se vea a Antioquia como la más educada, lo importante es que lo sea. Lo importante no es que se vea a Medellín como un hogar para la vida, lo importante es que lo sea.  Esa es una manera de continuar construyendo historia para que cuando sea necesario vender al mundo nuestra ciudad, el ejercicio de venta sea más fácil.


Por supuesto que ahora vendrán las quejas y los clamores porque el COI no reconoció que Medellín era la mejor opción para albergar los juegos y que no tenemos nada que envidiarle a Buenos Aires.  La única posibilidad de que alguien  afirme que Medellín no tiene nada que envidiarle a Buenos Aires, es que no conozca a  Buenos Aires. 


Cerrado este capítulo que implicó un gran desgaste, retomemos la realidad.  Que el mismo esfuerzo, entusiasmo, convicción y pasión que se puso en la idea de los juegos, se ponga ahora, triplicado, en afrontar los grandes problemas de nuestra ciudad, en recuperar la seguridad, en lograr verdadera calidad de la educación, en erradicar la pobreza, en generar empleo digno, en asegurar el acceso a la salud, en desarrollar los grandes proyectos urbanísticos que  vayan convirtiendo  Medellín, poco a poco, en la gran ciudad que hoy creemos que es. Así construiremos una ciudad con historia y la buena imagen se proyectará por sí sola.


Y retomando de nuevo a mi admirado Profesor Maturana, pues sí: “Perder es ganar un poco”.