Columnistas

縀ncargo cumplido?
Autor: Rodrigo Pareja
9 de Julio de 2013


Lo primero y elemental que los mejores investigadores se preguntan cada que hay un crimen, es a quien o a quienes beneficia la desaparici髇 de la v韈tima.

Lo primero y elemental que los mejores investigadores se preguntan cada que hay un crimen, es a quien o a quienes beneficia la desaparición de la víctima.


Y aunque en el caso de Teleantioquia con la grabación realizada por un periodista “sapo” de lo tratado en un consejo de redacción,  la renuncia de Juan Pablo Barrientos, director del noticiero y el posterior escándalo que se desató no hubo crimen en el sentido exacto del término, sí ocurrió algo muy grave que tiene que ser investigado hasta sus últimas consecuencias.


Volviendo al primer párrafo de esta nota, valen las siguientes preguntas:


¿Quién o quiénes se benefician con lo sucedido?, ¿Acaso la gerente de Teleantioquia, Selene Botero? O ¿de pronto el gobernador Sergio Fajardo? O ¿el dimitente director del noticiero, Juan Pablo Barrientos? O ¿el bellaco periodista “sapo”? O ¿el diputado o los diputados que se quitaron ese supuesto cirirí de encima? 


Interrogantes que por el momento no tienen respuesta cierta, la cual debe ser entregada por la Fiscalía, pues hasta esa instancia ha sido llevado el vergonzoso episodio, al que algunos han querido bajarle temperatura y asimilarlo a la famosa política del tapen tapen que tanto se estila en Colombia. 


Otra pregunta que vale la pena formular en aras de la claridad que se necesita y que está reclamando la opinión, es la relacionada con los integrantes de ese consejo de redacción, violado en su necesaria privacidad por quien no merece denominarse periodista.


Cuatro, cinco, seis o más reporteros que integraron esa reunión -de los cuales a solo uno le cabe íntegro el calificativo de miserable– están hoy bajo sospecha y entredicho, no sólo ante sus superiores sino ante sus colegas y la comunidad en general.


Ya bastante disminuido se encuentra el periodismo antioqueño,  como para que resulte ahora que ni siquiera los que integran el consejo de redacción de un respetable medio como es el noticiero de Teleantioquia, sean merecedores de la confianza y respeto de superiores, colegas y ciudadanos.


Porque nadie puede salir ahora con el cuento de que la grabación fraudulenta de lo que se trató en esa reunión fue obra y gracia del Espíritu Santo, y descartar de golpe, así no más, que no haya mediado en ese despreciable comportamiento la más torcida intención de uno o de varios actores.


¿El periodista “sapo” actuó por su propia cuenta y decidió, por sí y ante sí, grabar lo que su director y demás colegas decían? O ¿tomó la determinación porque sus castos oídos no soportaron las palabras de grueso calibre pronunciadas por Barrientos al referirse a alguien en particular?


Si estas dos preguntas se responden en forma afirmativa, ¿por qué entonces, una vez obtenida la miserable grabación, optó por darle publicidad mediante intermediario? ¿Por qué no la guardó entre sus recuerdos  para engrosar su vanidoteca  particular? O ¿se sintió obligado, con sus castos oídos aún escandalizados,  a hacerla llegar a un destinatario específico para vengarse acaso de su director? O ¿no tuvo más remedio que cumplir el miserable encargo que le hicieron?


Otras incógnitas que se quedan por el momento sin una respuesta satisfactoria en este condenable caso que no puede quedarse en un simple asunto apenas anecdótico, porque detrás suyo puede haber una serie de desarrollos y consecuencias que hay que aclarar, así lleven del bulto Sansón y todos sus filisteos.


Lo que no puede haber y lo que menos necesitan en este momento el decaído periodismo antioqueño y la comunidad, es que las partes interesadas, la profesión,  el gobierno departamental, el canal regional y la asamblea, obren en aras de un “no agrandemos las cosas”, “mantengamos las buenas relaciones gobierno-corporación”,  y se le eche tierra y entierro de tercera al reprobable incidente.