Columnistas

¡Basta ya de infamias!
Autor: Jorge Arango Mejía
9 de Julio de 2013


“Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal

“Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal… 


“Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis, cumpliéndolo, sin duda, honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.


“Hasta hoy no principia el proceso, pues aún no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible.” (“YO ACUSO”, Emilio Zolá).


Antes de asumir la defensa de Alberto Santofimio ante la Corte Internacional de Derechos Humanos de San José, publiqué en esta columna una frase de esta carta formidable. Hoy publico otra. No para defenderlo, pues convencido estoy de que ese  tribunal deshará la bellaquería hecha por la administración de injusticia de Colombia; sino para señalar los responsables de ella. Veamos quiénes son.


Los primeros, todos los cobardes que presencian esta infamia y, pudiendo, no la denuncian.


Además, los hijos de Galán, a quienes esa condición no convierte en mejores colombianos ni confiere mayores derechos. No contentos con haber vivido del Estado, y recibido del Liberalismo (otrora nuestro gran partido) honores que por sus méritos jamás habrían ganado; quieren saciar una insana sed de venganza, estúpida aun si fuera fundada, pero monstruosa cuando se ejerce contra un inocente de la muerte de su padre, como Santofimio. 


Después, fiscales paupérrimos en conocimientos jurídicos pero ricos en afán de nombradía, que se inventan la ridiculez de que el asesinato de Galán fue un  crimen de lesa humanidad, cuando no encaja en la definición de ese delito. Y lo vuelven imprescriptible, adefesio inconcebible en un Estado de Derecho. Tesis que acepta La Sala Penal  de la Corte Suprema, por razones diversas, desconocidas la unas y públicas las otras, como la ignorancia y la abyección ante la gran prensa, El Tiempo y El Espectador.


Así se cocina el bodrio que condena a Santofimio a más de 20 años de cárcel por un crimen que jamás cometió y que tampoco ordenó, porque a Pablo Escobar no le daba órdenes nadie.


Y se monta la conjura, con base en el testimonio de dos criminales convictos y confesos: Popeye,  ahora escritor mimado de seudo periodistas como premio a sus calumnias; y Oviedo Alfaro, a quien  desconocidos aplicaron la pena que nuestra organización judicial no le impuso.


Por esto, al fin, el Senado, testigo de la maravillosa oratoria de hombres como Uribe Uribe y Gaitán, deviene escenario de la trama urdida por un analfabeto: así, mientras hablan de descongestionar las cárceles, evitan la aprobación de una ley que habría beneficiado millares de ancianos presos, que serían confinados en sus casas, solamente porque Santofimio tiene más de 65 años. No se sabe qué es más horroroso: que   se haya propuesto el engendro o que Senado lo haya aceptado.  Si así aspiran a que en Colombia haya justicia, sólo habrá venganza. Resultado: Márquez y Timochenko anuncian que no pagarán un día de cárcel por sus crímenes, Santofimio paga condena por el  que no cometió, y Maza Márquez se prepara para entrar al presidio!   


Esto no puede seguir  por este camino que deshonra más la justicia colombiana, si ello es posible en estos tiempos aciagos.  No más víctimas de testigos mentirosos y fiscales y  jueces crédulos:


Primero, Hazbún; después, Santofimio y el  general Maza Márquez. ¿Quién será mañana? ¿Usted o yo?


No perderé un segundo explicando por qué defiendo un inocente. Tomaré prestadas las palabras de Unamuno: 


“Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente éste o aquel problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de notoriedad y ansia de singularizarse.


“No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor don Quijote resucitara y volviese a esta su España, andarían buscándole una segunda intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo hace por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande que a tan pocos les dé por deportes semejantes!


“Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, de locura, a todos estos estúpidos bachilleres, curas y barberos de hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto creen haber descubierto la razón del acto —sea o no lo que ellos suponen— se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.”


Actúo en ejercicio de mi profesión, la más noble de todas.  Y espero la acusación de cualquiera: ¡A mis jueces me atengo!