Columnistas

EPM, ¿verdadero motor de desarrollo?
Autor: Luis Fernando Múnera López
8 de Julio de 2013


En el artículo anterior expresé mi preocupación porque percibo que EPM se está desviando de su objeto social para dedicarse al crecimiento desenfrenado y el lucro.

En el artículo anterior expresé mi preocupación porque percibo que EPM se está desviando de su objeto social para dedicarse al crecimiento desenfrenado y el lucro.


Y no va bien en ese intento. El grupo de las filiales de EPM produce pérdidas netas y patrimonio negativo. Para comprobarlo basta comparar los estados financieros de EPM con los de EPM Consolidada, publicados en la página www.epm.com.co. La empresa compensa estas pérdidas con unos ingresos exagerados provenientes de tarifas innecesariamente altas.


He recibido varias decenas de comentarios de personas que coinciden con mi preocupación y que demuestran el interés ciudadano permanente por la empresa.


Transcribo el mensaje que recibí de una persona vinculada a EPM y que forma parte del equipo de trabajo de Grupo EPM Sin Fronteras, programa dedicado a revisar la estrategia y el desempeño de ese grupo empresarial: “Tenemos unos grandes desafíos, no sólo apoyar el análisis y propuestas de organización, procesos, gente, TI y gobierno (…). Es nuestra responsabilidad velar por el buen desempeño y practicas éticas y transparentes frente a sus dueños primarios y de ahí nuestro interés en salvaguardar los activos y sus rendimientos en beneficio de éstos”.  Este mensaje muestra una intención autocrítica, muy necesaria en EPM. Hago votos porque se mantengan este enfoque y esta actitud. 


El objeto social de EPM definido en sus estatutos es prestar los servicios públicos y promover el desarrollo y bienestar de la comunidad de Medellín. 


Ahora bien, el desarrollo es mucho más que crecimiento económico. El desarrollo es un concepto integral que incluye la satisfacción real de las necesidades básicas de la población. María Cecilia Múnera López en su libro “Resignificar el desarrollo”, plantea como necesidades básicas las siguientes: subsistencia, protección, afecto, comprensión, participación, recreación, creatividad, identidad y libertad. Es decir, permitir a todas las personas alcanzar los niveles de realización y bienestar que merecen como seres humanos.


Medellín está muy lejos de alcanzar este desarrollo, porque es una ciudad rica pero inequitativa. El crecimiento económico y las oportunidades de realización humana están mal repartidos en su población.


EPM tiene la oportunidad de convertirse en motor eficaz de ese desarrollo integral. Me dirán que ya cumple este objetivo, lo cual es parcialmente cierto, si se mira el impacto que tienen sus servicios públicos domiciliarios y sus programas sociales. Pero EPM puede y debe dar más. Empezando por garantizar universalidad y calidad en los servicios con tarifas justas.


EPM financia la compra de computadores y electrodomésticos, apoya la creación de empresas medianas y pequeñas y otorga becas para educación superior. Estos son ejemplos de programas que apuntan en la dirección que menciono. Pero son programas aislados, que tienen un impacto limitado. Están más enfocados a fomentar el consumo de los productos de la empresa y tienen poco efecto multiplicador sobre el verdadero desarrollo.


En mi condición de ciudadano y como aporte a Grupo EPM Sin Fronteras, propongo que EPM utilice sus conocimientos, su inteligencia, su creatividad, su capacidad de investigación e innovación y —muy importante— su capacidad de trabajar proyectada en el largo plazo, más allá de los breves períodos de las administraciones municipales, para generar procesos de desarrollo integral eficaz para la comunidad, basados en los servicios de electricidad, telecomunicaciones (si es que UNE todavía se puede salvar), agua y saneamiento ambiental, que permanezcan en el tiempo y que lleguen a toda la población.


En lugar de subsidiar servicios públicos en otras regiones de Colombia y en países extranjeros, EPM debe dar prelación al bienestar y desarrollo de su dueña, la comunidad. Ese es su verdadero objeto social.