Editorial

La voz faltante
2 de Julio de 2013


Habiéndose declarado partidario de un acuerdo de paz, señalaba también las características de la contraparte y hacía hincapié en las exigencias en las que no podía haber concesiones.

La conmemoración del centenario del nacimiento del expresidente Alfonso López Michelsen nos hace pensar en las generaciones que tuvieron la capacidad y el contexto para comprender, analizar y hacer propuestas novedosas en temas disímiles entre sí y de hacerlo con la claridad y profundidad de los expertos. Por el rigor de sus análisis, el exmandatario se hizo merecedor a un elogio tan imperecedero como muchas de sus ideas: “cuando López habla, pone a pensar el país”.


La protección de los civiles en el conflicto como alternativa independiente a las negociaciones de paz o las acciones contra la guerrilla, fue una de las banderas que enarboló como promotor de la firma de los Protocolos I y II de Ginebra, para la humanización de las guerras externas, el I, y del conflicto interno, el II. En este tema mostró su grandeza, al hacerse promotor de los acuerdos, a pesar de que en su gobierno los había controvertido.


Gracias a su estudio de esos instrumentos internacionales, años más tarde enarboló con altura académica y enorme compromiso cívico la bandera del acuerdo humanitario, para buscar la liberación de militares y políticos secuestrados por la guerrilla. Defendió el canje con guerrilleros presos por delitos que no constituyeran crímenes de lesa humanidad indicando que “ni siquiera se puede calificar  como un peldaño hacia el camino de la paz, porque este es un acuerdo especial que se cumple, generalmente, después de una victoria, mientras que el otro dura lo que dure la necesidad de humanizar el conflicto”. 


Antes de su muerte ocurrieron las lamentables masacres por las Farc que dejaron las dolorosas muertes en Urrao, donde fueron masacrados el gobernador de Antioquia, su asesor de paz y ocho militares, y la de los once diputados del Valle. El país tampoco olvida el dolor de las familias del capitán Julio Ernesto Guevara y el intendente Libio José Martínez, fallecidos mientras el país presenciaba la resistencia de las Farc y el Gobierno a una iniciativa práctica y respetuosa con las víctimas. Los otros cautivos por canje están vivos porque fueron rescatados o liberados unilateralmente, en hechos tardíos para la vida y la salud de los secuestrados. El expresidente falleció sin que se cumpliera su deseo último: “solo quiero, como lo he dicho en tantas ocasiones, no morirme sin haber visto la recuperación de la libertad por parte de aquellos que están en poder de los secuestradores”.


Con igual claridad con que precisaba el valor humanitario del llamado canje, el expresidente analizaba a la guerrilla de las Farc y los procesos de negociación que atestiguó, el último de ellos el fallido del Caguán. Habiéndose declarado partidario de un acuerdo de paz, señalaba también las características de la contraparte y hacía hincapié en las exigencias en las que no podía haber concesiones. Sus palabras de hace quince años tienen plena vigencia hoy, cuando el país hace otro gran esfuerzo por un acuerdo, esta vez en la mesa de La Habana.


Durante el proceso del Caguán, la dirigente Haydé Marín le hizo una completa entrevista, que publicó el Partido Liberal, sobre esas negociaciones. Preguntado sobre por qué las Farc son tan violentas, el expresidente hizo una definición memorable y muy útil para quienes hoy llevan la voz del país en la mesa de negociación: “primero porque son inmorales. Recibir en pago cuando ya han asesinado al secuestrado es más que inmoral. Segundo como un arma política: El terrorismo es un arma de publicidad que le sirve para contrarrestar los medios. Sirve para atemorizar a la población”. Las comunidades Nasa en Cauca, los pueblos de la frontera, miles de ciudadanos en Putumayo, dan fe de que esa condición de inmoralidad no ha cambiado. 


En la misma entrevista, y a propósito de un tema que hoy ha vuelto a tomar vigencia, casi en los mismos términos que se usaban hace quince años, afirmaba: “El problema es que la guerrilla ha dicho públicamente que aun así se firme una amnistía (corría el año de 1998) no van a entregar las armas, que no van a prescindir de las armas prohibidas por el Derecho Internacional Humanitario, como son las minas quiebrapatas, los cilindros de gas. Si de antemano y públicamente ellos dicen que no aceptan las condiciones mínimas para garantizar la paz, ¿qué conversaciones pueden progresar sin definir cuestiones como esas?”.  Sus palabras quedan como homenaje, memoria y guía para el presente que lo extraña.