Editorial

Migrantes sin esperanzas
29 de Junio de 2013


Así las cosas, el escenario más probable, y tal vez deseable, para la Reforma Migratoria es su muerte en la Cámara.

La aprobación por el Senado estadounidense del proyecto de Reforma Migratoria le da al Partido Demócrata y a los republicanos moderados, encabezados por el excandidato John McCain, argumentos para conquistar los votos hispanos, que pueden ser decisorios en las elecciones de 2014, cuando se cambiará la totalidad de representantes y la tercera parte del Senado. Los perdedores, aun en el remoto caso de que la Cámara de Representantes apruebe la iniciativa tras hacerle profundas reformas, serán los indocumentados que contemplaron la ilusión de hacerse ciudadanos de pleno derecho del país por el que han luchado y cuyos sueños de progreso y bienestar comparten.


La holgada mayoría con que el Senado aprobó la reforma (68 votos a favor contra 32 en contra) fue tejida mediante esfuerzos del presidente Obama, en representación de la esperanza demócrata por una reforma liberal, y del senador McCain, que llevó la voz de los republicanos que piden migración regulada. Ambos sectores conformaron el que se ha conocido como “Banda de los ocho”, instancia de negociación en la que convergieron voceros de los dos partidos para dar forma a una iniciativa que, si bien ofrece a los migrantes algunas oportunidades, difíciles de alcanzar, para su naturalización, también les amenaza, sobre todo a quienes aspiren a ingresar al país, con una seguridad fronteriza redoblada en sus recursos y capacidades. Lo logrado es lo máximo que se podrá alcanzar, pero todavía está realmente muy lejos de ser lo deseable. 


Si para lograr una mayoría holgada fue necesario que el Partido Demócrata hiciera enormes concesiones en el Senado, ni se hable de aquello a lo que tendrá que renunciar para obtener la aprobación por la Cámara de Representantes, cuyos voceros han anticipado las dificultades que esperan al proyecto, indicando que “la Cámara de Representantes dará a la iniciativa un trámite más deliberante” (que el que tuvo en el Senado). Esta idea del representante Peter Roskam, republicano de Illinois apoya la del presidente de la Cámara, John Boehner, quien ha anunciado que “para que la iniciativa legislativa, incluido el informe de conciliación, sea aprobada por la Cámara de Representantes, tendrá que contar con el apoyo de la mayoría de los miembros de mi partido”. Esta es casi una sentencia de muerte, pues el ala de los republicanos moderados de la Cámara es minoritaria y tiene poco peso frente a las voces del ala más conservadora, el Tea Party, y el grupo conservador tradicional guiado por el señor Boehner. 


Según el periodista Nate Cohn, del “New Republic”, la Reforma ha alcanzado hoy la mayor liberalidad posible y lo que le podría esperar en la Cámara es que los republicanos la hagan más conservadora, lo que significa, dice el periodista, que se terminará “con una propuesta de reforma más punitiva, fundamentada en los conceptos de seguridad y deportación, que seguramente perdería el apoyo de los liberales”.


Dadas las distancias ideológicas que se evidencian entre las corporaciones, lo que cabría esperar es un amplio proceso de negociación que pudiera representar un punto medio entre las partes. Pero es muy poco probable que esa deliberación sobre tan importante iniciativa pueda culminar en 2013, si es que al Partido Republicano le interesa llevarla a término. Y es que tras los días festivos por el 4 de julio, quedarán tres semanas para la actividad legislativa antes de su mes de receso en agosto, al que sucederán sesiones de debate sobre el techo de la deuda en septiembre, y el presupuesto, en octubre. Dado que los políticos estadounidenses siguen al expresidente Clinton en su máxima “Es la economía, idiota”, resulta difícil, si no imposible, aspirar a que la Cámara de Representantes vuelva este año sobre una iniciativa cuyo debate ha condicionado.


Así las cosas, el escenario más probable, y tal vez deseable, para la Reforma Migratoria es su muerte en la Cámara. Con ella, los demócratas podrán decir que hicieron todos sus esfuerzos por obtener una ley que legalizara a esos migrantes y los republicanos anunciarán a sus votantes que habrán cumplido con la meta de defender los trabajos y la seguridad del pueblo estadounidense. En esta etapa, los partidos tienen todo por ganar y los migrantes, mucho por perder.