Columnistas

Utop韆, dioses y Democracia.
Autor: David Roll
27 de Junio de 2013


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A lo largo de la historia el pensamiento utópico ha sido persistente. Consiste en una aspiración humana de lograr una sociedad soñada que en realidad es imposible. Por eso U-topos significa en ninguna parte y el inventor del término, Tomas Moro, quiso significar que es una aspiración y no una posibilidad. Pero realmente el deseo humano de sociedades armónicas es muy anterior, y se remonta a milenios atrás en China, India y hasta en las culturas americanas precolombinas. Incluso en la Biblia la tierra prometida es el símbolo de una sociedad perfecta que estará al otro lado del desierto, y los profetas de las religiones, incluyendo al propio Jesús, surgieron casi siempre en contextos caóticos en los que se identificaba el desorden terreno con una falencia espiritual, por lo cual se pensaba, y se piensa hoy, que al corregir ese déficit moral-religioso, sobrevendría esa sociedad perfecta. En la modernidad el pensamiento utópico ha sido no sólo más creativo sino sobre todo más proactivo, pues desde los fundadores de grupos religiosos hasta los creadores de grandes estados, es persistente la idea de convertir en hechos esos deseos de sociedades ideales (Washington, Bolívar, Gandhi). En el lado oscuro, genocidas como Hitler, Stalin y Polpot mataron a millones con la excusa de alcanzar la sociedad que ellos se imaginaron como la mejor por exclusión; y hasta en la propia democracia las luchas por mejorar el modelo han supuesto grandes costos humanos, aunque algunos de esos sangrientos acontecimientos hayan sido idealizados con el tiempo, como la misma Revolución Francesa y nuestra propia Independencia. Y es que la democracia es no sólo otra utopía, sino sobre todo la principal utopía que se ha imaginado el hombre en toda su historia. Y esto porque lo que esperamos de la democracia siempre será superior a lo que ella nos pueda dar. La democracia, incluyendo la nuestra y especialmente la nuestra, la colombiana, es una utopía, en la medida que se traduce en una permanente, cotidiana e inacabable sucesión de pequeñas y grandes frustraciones. Como el titán Prometeo de la Mitología Griega, quien desafió a los dioses al entregar el fuego y otros conocimientos a los hombres y fue encadenado por Zeus, el hombre moderno desafió la sensatez y se lanzó a la construcción de una estructura política en la que deban prevalecer unos valores colectivos que la naturaleza humana en lo individual no proporciona: libertad, igualdad, justicia, meritocracia, sindéresis, por sólo mencionar los más difíciles de conseguir. Ahora está de moda nuevamente entre los adolescentes la mitología griega, gracias al best seller “Percy Jackson y el ladrón del rayo” y su saga y películas, de Rick Riordan. En estos libros aparecen esos dioses en la modernidad, mirando con aire escéptico las realizaciones humanas, como en los viejos tiempos. El libro no lo dice en detalle, pero siguiendo ese ejercicio literario cabría imaginarse cuál sería el asombro de los dioses del Olimpo si pudieran observar esta nueva empresa de los seres humanos llamada Democracia, y la enorme dificultad con la que la vamos sacando adelante como unos Prometeos castigados por confiar demasiado en la capacidad del hombre para forjar su destino y superar las imposiciones de la naturaleza, en especial nuestras propias limitaciones morales. En la historia que Esquilo, el autor de tragedias que contó la leyenda mitológica como llega hasta nuestros días, un águila devoró por siglos el hígado de Prometeo, que crecía cada noche, como castigo por su ingenuidad frente a los hombres (y por no descifrar una profecía). Es lo que siente el ciudadano honrado cada día, cuando observa la corrupción expandirse a pesar de los esfuerzos. Es una tragedia, por supuesto, pero estamos encadenados a ella con el mismo optimismo que Prometeo dio el conocimiento a los hombres y debemos seguir viviendo con este sueño de la utopía de la Democracia, a pesar de los pesares, aunque los dioses se rían desde el Olimpo.


Profesor Titular Universidad Nacional