Columnistas

Facebook, Twitter, Google: la profecía cumplida
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
27 de Junio de 2013


La información, las fotos y los comentarios que usted “cuelga” en Facebook, en twitter o en cualquiera de las redes sociales es consultada por alguien más que sus amigos o contactos.

La información, las fotos y los comentarios que usted “cuelga” en Facebook, en twitter o en cualquiera de las redes sociales es consultada por alguien más que sus amigos o contactos. Esta ya no es una sospecha sino una hipótesis que acaba de ser confirmada con base en las denuncias realizadas por el norteamericano Edward Snowden, el excontratista de la NSA que destapó el espionaje masivo realizado por los Estados Unidos y el Reino Unido, otorgándole credibilidad a lo que todo el mundo temía: hay muchos mirones en las redes sociales. Solo que ese otro que consulta sus datos puede ser un funcionario de su propio gobierno o un agente de un gobierno extranjero, además de su jefe, algún contradictor o alguien que busca información con fines criminales. Esta es la otra cara de Internet y de las redes sociales.


La gravedad y seriedad de las denuncias de Snowden es directamente proporcional a la cacería mundial emprendida por Estados Unidos para impedir que este ciudadano norteamericano, acusado de traición, aterrice con asilo político en algún país del hemisferio sur.


La advertencia se hizo cuando comenzó el auge de las redes sociales. Entregar datos e imágenes a través de estas páginas expone a quien lo haga a ser víctima de filtraciones, robos de identidad, extorsiones y manipulación de datos. El acoso escolar (bullying) y la pornografía tienen en Internet su más amplio laboratorio. Ahora sabemos, además, que todo ciudadano es susceptible de ser espiado, tanto si utiliza redes sociales como Facebook y Twitter o si recurre a cuentas de correo electrónico de Gmail y Yahoo o utiliza las aplicaciones de Apple o Google o Microsoft. Gracias a las redes sociales y a los buscadores de Internet se desarrolla la mayor operación global de espionaje, que desborda lo realizado durante la guerra fría y que deja a “wikileaks” como un juego de preescolar. Según las denuncias, nueve de las más grandes empresas del universo tecnológico entregaron datos de sus usuarios a la National Security Agency (NSA).


El agravante de esta situación es que los espías no tienen que hurgar en los archivos secretos de nadie para encontrar la información ni hacer largos seguimientos a través de aeropuertos, estaciones de tren, hoteles u oficinas públicas. No. La información está servida y disponible porque cada ciudadano la entrega y la actualiza religiosamente de manera personal y voluntaria, renunciando de hecho a la protección del Derecho a la intimidad. Las redes sociales son un inmenso banco de datos abierto a mirones, espías y delincuentes, tanto si se utiliza para ello el computador o un dispositivo móvil. La gente lo sabe y lo acepta, porque esa es la consecuencia de abrir una página, más allá, inclusive, de renunciar a la propiedad sobre sus propios datos y fotos. Y más aún: se sabe que toda búsqueda que se realiza en Google queda registrada y es fácil reconstruir el perfil de las personas con base en la información que solicitan por Internet. Cuando se produjo el atentado contra los participantes en la Maratón de Boston (15 de abril de 2013), las autoridades rusas fueron las primeras en advertir sobre las andanzas e inclinaciones políticas de Tamerlan Tsarnaev, el mayor de los hermanos de origen checheno responsables de este acto terrorista, con base en el seguimiento realizado a las anotaciones realizadas por él en las redes sociales, su viaje a Chechenia y el tiempo de permanencia.   


Y para completar, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea acaba de determinar que en Internet no hay derecho al olvido, al señalar que Google no está obligado a borrar datos de sus archivos si un usuario lo solicita, lo cual modifica toda la estructura legal que se aplica en materia de protección de datos y de antecedentes penales y financieros. Esto significa que se puede modificar un registro civil, que se puede actualizar la información comercial y financiera de los bancos de datos pero no la información que sobre cada uno tiene Google. 


Las denuncias de Snowden marcan un hito en la historia de las redes sociales. Como usuarios de Internet y de las redes sociales se sabe que todos hacemos parte de la trama de espionaje propia de la globalización, ojalá como extras y no como víctimas.