Editorial

Acuerdo laboral en Urabá
20 de Junio de 2013


El acuerdo, que mantiene la paz laboral en Urabá, y el acompañamiento del Ministerio de Trabajo, son ejemplo de la forma como partes contrarias consiguen identificar sus intereses comunes y trabajar por ellos.

Como los trabajadores, empresarios productores y habitantes de la región bananera de Urabá, nos regocijamos con la firma del acuerdo laboral firmado por los representantes de los 18.000 trabajadores afiliados a Sintrainagro, que laboran en 288 fincas productoras de banano agremiadas en Augura. La nueva Convención Colectiva de Trabajo del sector bananero se ha logrado porque las partes hicieron primar el interés superior de la región bananera y de Antioquia, sobre sus legítimos intereses divergentes. Su actitud enseña el valor del diálogo y muestra la importancia de fortalecerlo en las relaciones laborales. 


El acuerdo es importante por el destacado lugar que el banano ocupa en la economía antioqueña. Según el Ministerio de Industria y Comercio, el banano de exportación representa el 52,79 % de la producción agrícola del departamento, excluido el café. Y las exportaciones bananeras son el tercer renglón de ventas al exterior en Antioquia, después del oro y los vehículos de turismo. Esos resultados, sorprendentes para un departamento que sustentó su desarrollo en la supremacía del oro y el café en sus actividades económicas, explican por qué el ministro de Trabajo, doctor Rafael Pardo, participó como testigo de la firma de este acuerdo, histórico por las condiciones en que se firmó y por sus contenidos.


No obstante su impacto en el panorama económico, el sector bananero se enfrenta a la incertidumbre de su rentabilidad en un mercado internacional de precios bajos y una feroz competencia, que los productores de países distintos a Colombia libran valiéndose de los bajos salarios a los trabajadores. En Colombia, además, la revaluación del peso, que no ha sido suficientemente controlada por el Banco de la República, ha debilitado a los empresarios exportadores. 


A la mesa de negociación llegaron por un lado, los voceros de los trabajadores con altas expectativas de mejoramiento de sus condiciones de vida mediante el aumento de salarios y las inversiones en programas complementarios, y por el otro, los voceros empresariales obligados a defender a un sector debilitado por las condiciones de su mercado y, en consecuencia, obligado a garantizar su supervivencia para mantener los empleos que ha generado. El debate se abrió, entonces, en torno a una posible rebaja de beneficios laborales o la huelga y logró madurar hasta conseguir acuerdos que comprometen a los trabajadores con mejorar su desempeño y contribuir así a paliar la crisis bananera.


El proceso de negociación acompañado por el Ministerio de Trabajo logró llegar a acuerdos de aumento de salario por  4 % en el primer año y el IPC en el segundo, más el fortalecimiento de fondos de vivienda, educación y cultura. En el pago de salarios, los bananeros invertirán $16.000 millones. Los trabajadores, aplicarán la premisa de que “pueden aportar la parte operativa con una eficiencia del 100 % en productividad”. Además de trabajadores y productores, los beneficiarios directos del acuerdo son los municipios del Eje Bananero: Apartadó, Carepa, Chigorodó y Turbo.


Además de la voluntad de las partes, la firma del acuerdo es resultado del esfuerzo del Ministerio de Trabajo que dedicó a uno de sus funcionarios a acompañar con imparcialidad y paciencia el proceso de discusión del pliego de peticiones en procura de alcanzar decisiones convenientes para las partes. Su presencia en la negociación contrasta con la ausencia del Ministerio de Agricultura, en cabeza del doctor Estupiñán, que ha demostrado tener oídos sordos para estos empresarios y trabajadores, que son pilares del desarrollo económico y de la estabilidad social y el bienestar general de los urabaenses. 


El acuerdo, que mantiene la paz laboral en Urabá, y el acompañamiento del Ministerio de Trabajo, son ejemplo de la forma como partes contrarias consiguen identificar sus intereses comunes y trabajar por ellos, llevando a la práctica lo que se llama “diálogo social” y demostrando que su existencia necesita de principios democráticos, transparencia y legitimidad de partes. Con este acuerdo y las esperadas medidas contra la revaluación del peso, se aclara el futuro, y ojalá crecimiento del sector bananero, puntal del desarrollo de todo Urabá, y se le dan al país lecciones importantes sobre qué es dialogar y cómo hacerlo con eficacia.