Columnistas

60 años: así fue el golpe
Autor: Alejandro Garcia Gomez
15 de Junio de 2013


“Mi general, Laureano dice que antes de firmar la renuncia, para que siga gobernando Urdaneta, prefiere que usted se haga cargo del gobierno”, cuenta Rojas Pinilla que mandó a decir el presidente en ejercicio Laureano Gómez con Luis Ignacio Andrade –

“Mi general, Laureano dice que antes de firmar la renuncia, para que siga gobernando Urdaneta, prefiere que usted se haga cargo del gobierno”, cuenta Rojas Pinilla que mandó a decir el presidente en ejercicio Laureano Gómez con Luis Ignacio Andrade –más tarde sacerdote Fray Anselmo de Santa Quiteria-, amigo de Laureano y ministro de gobierno de Roberto Urdaneta, designado –como el vicepresidente hoy- del presidente titular Gómez quien había tomado licencia de 19 meses, por salud. “…De manera que quien dio el golpe del 13 de junio [1953] fue Laureano Gómez”, remata Rojas. (El Jefe Supremo. Silvia Galvis y Alberto Donadio. Hombre Nuevo Editores. Medellín. 2002). Eran los años de los generales, los sargentos y hasta los soldados de partido y de banderías de partido, herencia de los inicios de la República (s. XIX). El rojo o azul del ejército dependía del partido en el poder: el liberal o el conservador. Así fue hasta fines del cincuenta del siglo XX. Del sesenta en adelante la doctrina de Seguridad Nacional gringa cambió el partidismo del ejército colombiano por el anticomunismo, pero este sería otro tema.


Volviendo a lo nuestro: ¿qué relación había entre Laureano Gómez –presidente-, Urdaneta –designado-, Ospina –expresidente- y Rojas –general de la República-? Desde 1951, Gómez había dejado temporalmente a Urdaneta pero desde antes había polarizado al país de palabra y hecho. Ya presidente comenzó por suspender las Cortes y reducir las libertades civiles. Vinieron los desafueros de toda clase y las masacres a cargo de la policía (Chulavitas en el altiplano cundiboyacense) y paramilitares (Pájaros en el Valle del Cauca) en el resto del país. Cercano a la ideología fascista y nazista, con su copartidario Alzate Avendaño habían promovido la emulación de “La noche de los cristales rotos”, semejantes a las noches alemanas contra los judíos, acá contra residencia y negocios liberales en el país. Rojas era antipático a Gómez.


El ingeniero y empresario Ospina Pérez había sido candidato a la presidencia (1946-1950) por encima de Gómez, a pesar de que éste era el jefe del partido conservador, porque los godos temieron la unión de los liberales y su derrota. La apariencia de Ospina no tenía la signatura ferozmente sectaria de Gómez. Lo bañaba un halo de falsa blandura y ganó. Para el cuatrienio 1950-1954 Gómez fue el único candidato, por el temor de los liberales de caer asesinados como Jorge Eliécer Gaitán (9 de abril de 1949). A Gómez se achaca ser el promotor del asesinato del caudillo liberal, entre otros. Una vez en la presidencia, “Gómez fue el hombre que quiso tener el grado de poder más absoluto conocido en Colombia. Fue él quien empujó al país a una dictadura de pesadilla y a una terrible guerra civil” (El Jefe Supremo. Ibíd). En el momento del golpe, Ospina aspiraba a la reelección, a la que debió renunciar ante los hechos cumplidos y respaldar al Jefe Supremo, como obligó Rojas que se le llamara. 


Conocido el halo mesiánico como único y gran salvador que rodeaba al general Rojas en el ejército y en el país, Gómez temió un golpe militar en su licencia. Por eso, El 13 de junio de 1953, se presentó ante su designado Urdaneta para que lo destituyera. Este –zorro político a dos bandas- se negó aduciendo que el ejército era lo único que quedaba como soporte del gobierno. Inmediatamente Gómez retomó la presidencia y, nombrando para el efecto a Jorge Leyva como minguerra, le ordenó que redactara y entregara a Rojas la destitución, lo que casi le cuesta la vida a Leyva porque a esas horas ya Rojas había tomado el poder y lo encarceló y casi es pasado por las armas como era la orden del Supremo, si se mostraba terco. De inmediato, Gómez fue exiliado con 3 mil dólares -de la época- como sueldo. Ospina y Urdaneta se presentaron a respaldar a Rojas. Consumatum est el golpe. La embajada gringa estaba al corriente de todo.