Editorial

Perseverar frente a las “ollas”
10 de Junio de 2013


Es necesario perseverar y actuar con mayor ambición, así los buenos resultados tarden más de sesenta días en llegar.

Con el mismo bombo con el que se anunció, dos meses atrás, una intervención decidida por parte de las autoridades para “erradicar” 25 “ollas de vicio” en 20 ciudades del país, el presidente Juan Manuel Santos salió la semana anterior a rendirle cuentas a la ciudadanía sobre los resultados de dicha operación. Es de resaltar que el tema no se haya engavetado con el pasar de los días ni diluido en la avalancha de hechos a los cuales el mandatario debe hacer frente, pero en ello influyó, sin duda, el buen resultado de la operación, que según cifras oficiales se cumplió en un 92% al ser erradicadas 23 de las 25 ollas, mientras en las dos restantes la toma aún no termina.


En momentos en que el mandatario y sus asesores deben preocuparse también por elevar la imagen positiva de su gestión, un asunto tan sensible para la sociedad, especialmente en las zonas urbanas que son las más pobladas del país, resulta altamente aprovechable, por lo cual el Presidente no titubeó para ordenar la erradicación de otras 25 “ollas” en el mismo plazo perentorio de sesenta días, aunque sin entrar todavía en detalles sobre cuáles serán las ciudades beneficiadas por la nueva operación, que sin duda la ciudadanía va a agradecer.


Por nuestra parte, aunque vemos con muy buenos ojos la determinación del Gobierno Nacional para atacar el problema de lo que Santos llama “centros de formación de delincuentes, de crimen y de delito”, consideramos que el manejo que se está dando del tema frente a la sociedad, mediante los medios de comunicación, tiene como prioridad mantener el asunto en la agenda pública con miras, como ya lo dijimos, a favorecer la imagen presidencial, y no, como debía ser, a ponerle punto final a una patología social que no se elimina a cuentagotas, pues lo que se está combatiendo en el fondo no es el problema de la producción, el tráfico y el consumo, sino las fachadas que se van construyendo en puntos específicos de las ciudades y que, como es apenas lógico, se pueden mover de un lado a otro ante la presencia de las fuerzas del orden.


Aunque en su discurso el presidente Santos abordó también el componente de intervención social a las “ollas”, una vez las autoridades de Policía han realizado su tarea de recuperación, incautaciones y capturas, no encontramos en sus palabras, al menos por ahora, referencia alguna a la consolidación de los espacios intervenidos a fin de que, como lo planteamos en nuestro editorial del pasado 24 de abril, se pueda evitar que el fenómeno regrese al sitio que hoy se protege cuando las autoridades “bajen la guardia”, que es lo que ha sucedido en otros lugares donde se hacen intervenciones tipo “toma” que resultan tan mediáticas como pasajeras.


A nuestro juicio el ataque “en cuotas” a las “ollas de vicio” conlleva ambos riesgos: el del desplazamiento del fenómeno, que en Medellín ya se está observando tras la toma de Barbacoas -y de ello dan fe los comerciantes de los bajos del metro en la carrera Bolívar-, o el del retorno, como los mismos residentes y comerciantes de la calle Barbacoas temen que ocurra, pues ya lo vivieron doce años atrás, cuando luego de un operativo de las autoridades, el abandono posterior llevó a que reverdecieran las acciones enmarcadas en la ilegalidad, como los centros de microtráfico, el abuso de personas, la venta de licor adulterado y la fabricación de productos ilegales e insanos.


Sería más eficiente establecer una meta mucho más específica en términos de sitios a intervenir y plazos para hacerlo, que apuntara a la verdadera erradicación del problema, actuando en todos los puntos identificados de manera simultánea, de modo que se cierre la posibilidad de expansión o de desplazamiento de la patología social. Tarea sin duda difícil por la necesidad de pie de fuerza y de profesionales necesarios para la atención de la población en situación de calle, pero que permitiría, en el mediano plazo, cortar de raíz el problema sanando la enfermedad y no solamente aliviando algunos síntomas. La confianza ciudadana también se vería fortalecida, pues no es un secreto que hoy día el comentario callejero es, precisamente, el de que las “ollas” siempre buscarán donde reinstalarse.


Aplaudimos, pues, los resultados hasta ahora alcanzados, y que al menos para el caso de Medellín son evidentes en el sector de Barbacoas. Pero insistimos en que es necesario perseverar y actuar con mayor ambición, así los buenos resultados tarden más de sesenta días en llegar.