Columnistas

¿Quiénes son las santas?
Autor: Mariluz Uribe
10 de Junio de 2013


Muy bueno que tengamos una santa paisa, ya era hora. Pero quiero dar mi opinión al respecto. No he leído la vida de la Madre Laura. Pero lo que sí entiendo es que ella hizo con su vida lo que quería hacer.

Muy bueno que tengamos una santa paisa, ya era hora. Pero quiero dar mi opinión al respecto. No he leído la vida de la Madre Laura. Pero lo que sí entiendo es que ella hizo con su vida  lo que quería hacer.


Y para decir mi verdad, me parece más santidad aguantarse las cosas que le tocan a uno y que uno no ha querido hacer. Ejemplos:


Cuantas esperan, digamos, el sexto hijo, sonriendo, languideciendo, vomitando, palideciendo, ante la impasibilidad del marido que rebosante de salud, agilidad, línea esbelta y etc., pone la música todo full, llena la casa de humo, no se controla ni por pascua florida y se va de juerga “solo” porque ¿quién sale con esa barrigona?


Cuántas continúan arreglándose bien, ordenando la casa, cuidando las plantas, poniendo los floreros y los ceniceros, disponiendo la comida, esperando; a sabiendas de que “él” no vendrá pues ellas mismas lo han visto pasar en su Fiat (¡Hágase!) recogiendo mujercitas de la noche en la calle 57.


¿Cuántas están atadas a un hombre enfermo, con depresiones, locuras, manías increíbles, raras aficiones o simplemente “neura” y no han dicho ni “mu” a nadie, ni se han atrevido a  insinuarle un psiquiatra y menos a colocárselo delante como una necesidad absoluta?


¿Cuántas son las que sufren dolor de cabeza inmediato apenas la suegra empieza a sugerir cositas y sin decir una palabra van a tomarse una aspirina para poder  continuar sonriendo?


¿Cuántas son las que transforman vestidos, les cosen a los niños, añaden sabanas y juntan centavos, viven pendientes de apagar luces, cerrar grifos; tienen que contar las papas, medir la panela y guardar el pan, privarse de todo  para poder pagar el colegio de los hijos, pero sin aflojar nunca que el marido es un avaro?


Cuántas arrastran una mala salud y no lo ha contado  para no intranquilizar a la familia y por si acaso, van poniendo el alma en paz, aleccionando los hijos, arreglando platas y papeles, escribiendo cartas...


¿Cuántas se disculpan de una fiesta diciendo que el fulanito está con gripa cuando lo que  pasa es que hace tres días desapareció o acaba de llegar con un guayabo “madre”?


¿Cuántas son las que esperan sentadas en las mesas, que el adorado tormento que les había prometido amor eterno y otras cositas, regrese de sacar a bailar las de las mesas vecinas?


¿Cuántas son las que están venciendo la tentación de largarse y mandar todo al diablo?  ¿Cuántas son las  santas modernas, cuya vida de sacrificio nadie conoce, nadie aprecia, nadie observa, nadie admira, y que no serán canonizadas?


¿Quién dijo que la santidad era exclusiva de alguna época o del uso de la túnica? ¿Quién dijo que porque una mujer lleve medias de nylon, tacones de aguja y falda a la rodilla no puede ser santa?  


La señora X... fue con un  grave problema donde un sacerdote, su marido tenía Sida, podría usar un condón con él, y ahora que había uno para mujeres, de pronto él aceptaría, pues él no quería que esa cosa le apretara ni perder nada de sensibilidad. ¿Qué hacer?


- “El  problema no tiene solución- le dijo el cura- pero viva tranquila y ofrézcaselo a Dios que usted por ser casada tiene un puesto asegurado en el  cielo en la Legión de Mártires...”. 


Recuerden que en el cielo hay dos legiones; una de vírgenes y otra de mártires. Punto. 


Y ahora sí, qué me dicen de  las más santas de todas, las que con uno o varios hijos son abandonadas por sus llamados maridos, que en realidad eran unos aventureros. Ellas tienen que trabajar todo el día, todos los días, ahorrar, y buscar quién les cuide los niños, cosa nada fácil, “un adulto responsable”... 


Si yo toda la vida hubiera hecho lo que quería ¡sería muy probablemente diabla! 


Pero como he hecho lo que me ha tocado hacer ¿seré santa? 


¡Nos vemos! ¡Paila o nube!


* Psicóloga PUJ. Filóloga U de A