Columnistas

La novela de moda: el POT
Autor: Carlos Cadena Gaitán
3 de Junio de 2013


La discusión sobre el POT es un buen ejemplo de cómo un tema fundamental para nuestra sostenibilidad termina siendo degenerado por los medios de comunicación.

La discusión sobre el POT es un buen ejemplo de cómo un tema fundamental para nuestra sostenibilidad termina siendo degenerado por los medios de comunicación.


Llegan hasta todos los rincones de Colombia las noticias sobre las escandalosas propuestas “del POT de Petro”. Que con “el nuevo POT” se podría acabar con 170 mil empleos en Bogotá dicen unos; que aumentarían un 40% los precios de la vivienda dicen otros; y como todos sabemos cuál es el tema que más vende en medios, la noticia estrella de esta patética novela, es que “con el nuevo POT” se permitiría la prostitución en los centros comerciales de nuestra adorada capital. Pan y circo.


Hay dos razones por las cuales nuestros medios de comunicación deberían estar haciendo un cubrimiento al detalle del tema POT: primero, no solo aplica para Bogotá; durante este cuatrienio se están revisando los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) de casi todas las ciudades de nuestro país, según lo dispone la ley 388 de 1997. Segundo, estos planes, no son nada más ni nada menos que las hojas de ruta supremas para el desarrollo físico de un municipio a largo plazo. Y nada describe mejor la sostenibilidad como esa expresión existencial: el largo plazo.


Me explico, el POT define qué tipo de edificios se pueden construir en qué tipo de zonas, qué tan altos pueden ser, cómo se deben conectar, cuáles son las zonas de reserva, etc. Contrariamente a lo que muchos piensan, en un municipio no se puede construir cualquier cosa en cualquier lugar. Asumiendo que las curadurías hagan bien su trabajo, muchos de los desarrollos brutales que vemos hoy ya se habían planeado desde hace años, por ejemplo.


¿Qué si hay plata en el POT? ¡Pues claro! El POT es la guía por excelencia para dirigir la inversión pública hacia fines estructurales y funcionales de cualquier municipio. Osea, el POT predetermina en qué tipo de inversiones urbanas se debe usar el dinero público, el dinero de todos, el dinero suyo.


Pero es tan poco lo que se dice al respecto en nuestros medios nacionales, que muchas alcaldías se pueden dar el lujo de discutir y planear esto a puerta cerrada. Al momento de escribir esta columna, por ejemplo, en Barranquilla todavía no se había empezado a compartir una versión sólida del documento con la ciudadanía; en Bucaramanga ya hablan de pasar por encima del concepto de la Cdmb (la Corporación Autónoma Regional correspondiente), que busca frenar el desarrollo de la ciudad hacia la ladera protegida al occidente de la ciudad.


Algo similar sucede con equipos de planeación serios como el de Medellín y el de Cali. En ambas ciudades se busca cambiar el modelo de ciudad ultra-motorizado y depredador hacia las laderas, con herramientas de planeación modernas. Sin embargo, el cubrimiento de medios es tan pobre, que el ciudadano del común ni sabe ni le importa, y por lo tanto no busca participar. ¿Y entonces? ¿Acaso no deberían ser los medios, los cronistas de nuestra ciudadanía? 


Para no seguir criticando, propongo: usted debe participar, y los artículos 22 y 24 de la ley 388 de 1997 se lo garantizan. Desde la plataforma LCV (www.LaCiudadVerde.org) se ofrecen herramientas para influenciar el POT de su municipio y así, la sostenibilidad de su sociedad; quedarse quieto no sirve.