Columnistas

Santos, Maduro, Diosdado
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
2 de Junio de 2013


Santos, intentando parecer demócrata, recibió a Henrique Capriles. Sabía que produciría una reacción en el gobierno golpista Maduro –Jagua - Cabello.

Santos,  intentando parecer demócrata, recibió a Henrique Capriles. Sabía que produciría una reacción en  el gobierno golpista Maduro –Jagua - Cabello. Pero posaría en la foto y el mundo sabría que es un adalid de la democracia. No importa  que fuera de los primeros en reconocer el triunfo de Maduro en el momento  mismo del fraude; para luego, en Unasur, pedir el recuento de los votos  para despejar cualquier duda que tuviese la oposición y el mundo.  Y luego recibe a Capriles para que no cupiera duda de que es un  pluralista que entiende que en un Estado hay gobierno, pero también oposición  Quedaría bien con el diablo y con Capriles. 


Pero con el diablo nadie puede ganar. Jugó póquer, y como siempre, perdió.  Si se trataba de un mensaje para la galería, a fines de mes con encuestas cercanas, luego del frio recibimiento del “acuerdo agrario” al que llegaron con las Farc, todo con el ánimo de subir algunos puntos en las encuestas, para saciar su sed reeleccionista, no lo consiguió. 


 Ya era bastante malo que firmara un acuerdo que nadie conoce,  que es un conjunto de enunciados vacíos y buenas intenciones, salvo los que favorecen a las Farc como las zonas de reserva campesina. Ya era insostenible que las propias organizaciones campesinas, como las que pertenecen a la CGT le desconocieran a las Farc cualquier vocería y se quejasen de que sus propuestas no hubiesen sido discutidas por el gobierno, que prefería legitimar a los mayores despojadores del país en lugar de hacerlo con las organizaciones representativas del campesinado, que eran respetuosas del orden democrático.


Si Santos pensó que recibiendo a Capriles  daría a entender, luego de sus reiterados fracasos en Cuba, que Colombia es un estado soberano que no coincide con los intereses de la dictadura, aunque sea su amiga, se equivocó. Ante la galería dio muestras de independencia, pero ante la andanada de insultos y desafíos de los Ángeles de Charlie, mostró su talante en toda su triste debilidad. Va a manejar el incidente por “medios diplomáticos” y proclama que  es “descabellado” pensar que en Colombia se conspira contra la dictadura, con  el conocimiento del gobierno de Santos.


Cuando Maduro dice que Santos  tiene que respetar la política venezolana y que duda de su sinceridad, el dictador plantea dos cosas: Si es tan amigo de la dictadura, y la necesita tanto para que los “diálogos de la paz” fructifiquen, por qué recibe al enemigo jurado de su gobierno.  Así piensan los dictadores. Sobre la duda de la sinceridad de Santos, le sobra razón: será algo que irá aprendiendo en el camino: pero ya le dio su primera lección. Aquí en Colombia hemos recibido miles de esas lecciones, por ejemplo la de su alianza con el “comandante eterno” para convertir a terroristas, narcotraficantes, despojadores de tierra, reclutadores de niños, sembradores de minas antipersona, autores redomados de secuestros, masacres y asesinatos selectivos, en una organización altruista que tiene legítimas reclamaciones al Estado, que además las ha perseguido, convirtiéndolas en víctimas.


Pero cuando dice que con el aval del Estado colombiano, Capriles y la extrema derecha colombiana están conspirando “para sabotear la economía, para asesinar soldados venezolanos, para meter sicarios “(.www.elcolombiano.com), 31.05 2013, y denuncia que además lo quieren envenenar a cuotas, lentamente, hay que ponerle mucho cuidado. Todo mundo sabe que en el santuario del “comandante eterno” hay una feroz lucha por el poder entre la fracción que encabeza Maduro, subalterna de Cuba, y la que dirige el exteniente golpista Diosdado Cabello, “más nacionalista” pero señalado de ser el señor de la droga y de los más importantes negocios ilícitos, secundado por una parte importante de la alta oficialidad venezolana, tan corrupta, que un periodista ultrachavista ya le puso la queja al gobierno cubano. ¿Cómo se dirimirá este pulso? No se sabe. Pero Cuba pretenderá mantener a Maduro a como dé lugar.


Son tales los problemas de inflación, desempleo, abastecimiento, que la situación social se le está saliendo de  las manos a la dictadura´ dividida. Y cuando ello ocurra, la purga interna y la represión extrema a los ciudadanos podrán causar enormes tragedias al pueblo venezolano.


En situaciones menos graves que ésta, Chávez echaba mano del enemigo externo, Colombia. ¿Qué hará la dictadura?  Santos debe estar rediseñando los posibles escenarios porque no contaba con que Chávez muriera y la dirigencia chavista se fraccionara.


Por ahora está prisionero de los matones de Caracas, que le imponen y le seguirán imponiendo hasta la manera como debe tratar a un visitante que les parce incómodo. Si la dictadura se consolida en su ala castrista de Maduro, Santos seguirá siendo sumiso por la influencia de ésta sobre las Farc. Ese es el escenario que le conviene, pero ya no está Chávez para que ponga orden. Si la dictadura pierde influencia sobre las Farc, Santos la tendrá todavía más difícil que ahora. Pero ahí tiene a los hermanos Castro de anfitriones. ¿Y los colombianos qué?