Editorial

Invitados por la Ocde
1 de Junio de 2013


Yerra la Ocde,si al hablar de reducción de "costos salariales y no salariales" quiso referirse a los parafiscales y así sugerir una medida de grandes costos sociales y poca eficiencia económica

La dirigencia nacional está de plácemes. Como lo buscó, trabajó y esperaba, el pasado jueves recibió la invitación a participar, primer paso en el camino de ingreso a la Organización de Cooperación para el Desarrollo, el club de los países que han logrado equilibrar sus indicadores de crecimiento económico, estabilidad institucional y equidad, formando un triángulo de desarrollo sostenible, transparente e inclusivo. Esta especie de “certificado de buena conducta” se expide a un modelo de desarrollo construido mediante diálogo dinámico y acuerdos, no siempre fáciles, entre sucesivos gobiernos, el Congreso, los gremios económicos y la dirigencia social. Gracias a la continuidad en la política económica y social, Colombia camina hacia su desarrollo integral, hecho más meritorio si se considera que lo hace mientras libra la lucha contra el narcoterrorismo y el crimen organizado, en la que también es modelo. En esta fiesta son muchos los llamados a celebrar.


¿Para qué la Ocde?, se preguntarán muchos que también se interrogan sobre la inequidad regional y social y cómo resolverlas como miembros del grupo de países autónomos que pueden ayudar a otros. Ser miembro del grupo nos ratifica como país confiable para el sistema económico, o sea que es destino interesante para el crédito al desarrollo y para la inversión de grandes compañías que pueden generar conocimiento gracias a la transferencia de tecnología y promover la creación de nuevos empleos y la generación de riqueza nacional. Estar en este “club” también indica que Colombia es interlocutor de naciones que saben resolver problemas de equidad, desarrollo, estabilidad y seguridad y que pueden acompañarnos en nuestro avance hacia la autonomía plena como nación.


En el camino hacia el ingreso pleno a la Ocde, el país ha de equilibrar, así sea imposible igualarlos, a Bogotá (generadora del 25 % del PIB nacional) y Medellín (que genera el 13 % del PIB nacional), con departamentos como La Guajira, Casanare o Chocó, entre aquellos que generan riqueza pero que evidencian grandes carencias en desarrollo empresarial, del sistema educativo, en atención a las necesidades básicas insatisfechas, entre otros indicadores de atraso. El lapso que se abre para certificar a Colombia como país Ocde debe conducir a verdaderos avances en descentralización como factor de equidad. Según las informaciones publicadas por los medios, este proceso también impone “aplicar reformas estructurales para impulsar el crecimiento sostenible y reducir la desigualdad”, lo que implica mejorar la productividad, los ingresos y del acceso a las oportunidades, y “limitar los costos salariales y no salariales del sector formal, para reducir la desigualdad”, reclamo que el ministro de Hacienda, doctor Mauricio Cárdenas, ha traducido a la fórmula “eliminar la parafiscalidad”.


Los impuestos parafiscales son una figura exótica para los economistas internacionales, que no tienen muchas experiencias de un modelo de redistribución de la riqueza acordado, como se hizo en Colombia, entre los gremios económicos, el sindicalismo y el Estado, que pusieron en marcha un modelo de solidaridad que décadas más tarde surgió en el mundo bajo el nombre de “responsabilidad social empresarial”. Gracias al sistema y su solidez, Colombia cuenta con una institucionalidad formada por el Sena, el Icbf y las cajas de compensación familiar, que consigue redistribuir la riqueza generada por el trabajo ofreciendo acceso a oportunidades que vinculan a las familias al desarrollo: protección integral, educación formal e informal, créditos para vivienda y microempresas, y recreación, entre otras. 


Académicos como Alejandro Gaviria y Hugo López, de los más reputados en el tema de empleo, han coincidido, en estudios publicados entre los años 2006 y 2009, que la eliminación de los impuestos parafiscales crearía máximo entre 160.000 y 190.000 puestos de trabajo por una sola vez, hecho que no lograría modificar los registros de pobreza ni la productividad empresarial. Yerra, pues la Ocde, si al hablar de reducción de “costos salariales y no salariales” quiso referirse a los parafiscales y así sugerir una medida de grandes costos sociales y poca eficiencia económica, como condición para que Colombia pueda ingresar a un club en el que los países se enorgullecen de su desarrollo equilibrado, que es justamente a lo que construyen los impuestos parafiscales entre nosotros.