Columnistas

La magistrada que naufragó
Autor: Rubén Darío Barrientos
30 de Mayo de 2013


En pleno sábado caluroso y bajo un “mar” de críticas, la doctora Ruth Marina Díaz desabordó (llena de prevención) el suntuoso crucero Monarch, en Cartagena de Indias, porque ya sabía lo que le espera para explicar su azaroso naufragio

En pleno sábado caluroso y bajo un “mar” de críticas, la doctora Ruth Marina Díaz desabordó (llena de prevención) el suntuoso crucero Monarch, en Cartagena de Indias, porque ya sabía lo que le espera para explicar su azaroso naufragio no solo ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, sino también ante la opinión pública. Ella, la única mujer en ocupar el máximo cargo de la Corte Suprema de Justicia, es también la primera y exclusiva magistrada en fanfarronear que estudió procesos, oteando las olas, en un crucero por el Caribe. Además, de acuerdo con su versión –el que se excusa, se acusa– no se sonroja en echar el cuento de que sacó del frío anaquel expedientes para hacerlos viajar allende el país. ¿Sentirá que merece hasta una bonificación por ello?


La discusión no se centra en si es verdad que el adorable hijo Félix Hernando le pagó el crucero, porque le dio la gana o si fue un regalo del día de la madre. Lo grave es saber con quién zarpó la doctora Díaz: con varios candidatos del llavero para reemplazar a Jaime Alberto Arrubla Paucar en la Sala Civil de la Corte. Y, desde luego, allí estuvo el más opcionado, Jaime Araque, quien tuvo el contento como todos del hechizo del ostentoso crucero. Por supuesto que en el apetitoso barco, uno de los platos favoritos fue “tráfico de influencias a la milanesa”. Ya la doctora Ligia Helena Borrero, quien aspiraba a reemplazar a Arrubla, renunció a su candidatura porque argumentó “gato encerrado”. Eso se llama dignidad. 


Cuando un juez de San Pedro de Urabá o de Remedios, en lontananza, pide un permiso de tres días para venir a Medellín a visitar su familia, está en todo su derecho. Mejor aún, justifica su ausencia remunerada. Pero, se pregunta cualquier persona con tres dedos de frente, ¿Cuál es la razón para que en pleno mayo y por siete días, unos magistrados estén en patota en alta mar y bajándose en hermosos puertos?  Las antinomias afloraron entre los ilustres viajeros: “arreglar asuntos personales”, “agotamiento y cansancio”, “reconocimiento a la primera mujer en la Corte”. Tanta cháchara, para saber que lo único que hicieron fue dar papaya de la buena, para que el país los lapidara… 


Si la doctora Díaz se posesionó el 24 de enero de este año, y ya presenta surmenage, entonces no puede con el cargo. Tanto estrés es inaudito, máxime que por norma legal la presidenta tiene un descargue del 50% de procesos. Pero no. Arrecia el agotamiento. ¡Qué pecao! Es probable que hayan contribuido a ello los plurales madrugones capitalinos para los viajes a Iguazú, Viena, Socorro, San Gil y Cartagena, éste último para embarcarse en un viaje que no olvidará nunca. Y para despejar la mente cansina, ya tiene otro desplazamiento: el 7 de junio a Bucaramanga para el enésimo homenaje. Lo que ha pasado es una bofetada al país y a la gente que sufre las penurias de una justicia paquidérmica, indolente y mentirosa. Vergoña, dirían algunos.