Columnistas

Equidad si respetamos el tiempo
29 de Mayo de 2013


El respetar y valorar el tiempo del otro hoy surge como un factor de tensión permanente no solo dentro de los hogares sino en muchos circuitos de la organización social.

Diana E. Nunez Giraldo*


El respetar y valorar el tiempo del otro hoy surge como un  factor de tensión permanente  no solo dentro de los hogares sino en muchos circuitos de la organización social.  Esta tensión hace que se viva en un conflicto constante entre los miembros del grupo familiar que termina por afectar la convivencia. Existe un abuso manifiesto pero no reconocido en la actitud que tienen los padres con el tiempo de sus hijos, la del esposo con el tiempo de su esposa y la de los hijos con el tiempo de sus padres, la del empleador con su trabajador, la del funcionario público con el ciudadano, la del maestro con su alumno, la del amigo con la amiga, lo que refleja un cuadro amplio  de inequidades, poco examinado, pero que vale la pena atender si se quiere construir equidad desde la actitud personal. 


Creer que mi agenda, mis compromisos, mis obligaciones son más importantes que la de los otros es partir de una actitud de dominio que crea desigualdades en el trato interpersonal. Hay horarios de pacto como los que se dan en las escuelas, las empresas y en la vida social que resultan básicos para el funcionamiento social. A esas agendas no me refiero. Me enfocó en ese tiempo de la convivencia, el que se vive y no se piensa pero desde donde se construyen las bases del entendimiento humano.


Tan preocupante ha resultado el asunto que ya desde 1995, las Naciones Unidas en su informe de Desarrollo Humano advirtió sobre la gravedad del tema al poner al descubierto entre otros aspectos,  el hecho de no reconocer el trabajo doméstico como un componente de la vida económica de una nación. El darle tratamiento de trabajo invisible, en lo cotidiano se manifestaba  y se sigue manifestando, hoy por hoy, en una subvaloración de actividades como: la preparación de los alimentos; la limpieza de la vivienda y ropa; las compras y administración del hogar, entre otras. Labor que  reclama tiempo, dedicación y esmero, sin embargo aún no logra ser reconocida en su exacta dimensión.


Son muchas las heridas y laceraciones que de manera constante se dan cada día cuando no reconocemos que ese otro con quien compartimos la cotidianidad tiene sus ritmos vitales únicos y personalísimos como el arreglarse, el  dormir,  hacer la siesta, ver tv, leer, estudiar, y en los que no podemos entrar en forma abrupta. Son muchas las fisuras emocionales que producimos en el tejido de la convivencia cuando desconocemos que “Tu puedes ser dueño de mi dinero pero no de mi tiempo”, como dice un aforismo. Son muchas las solidaridades que tejemos cuando somos capaces de compartir tiempos en común, desde el respeto, el diálogo, la comprensión y la tolerancia, contribuyendo de forma sencilla en la construcción de la equidad desde nuestra actitud personal. Por eso, uno de los propósitos de la Movilización Social por la Equidad del Centro de Fe y Culturas,  es sensibilizar a la ciudadanía en general frente a esas formas de inequidad presentes en la privacidad del hogar, que interfieren en la construcción de la sociedad que todos merecemos.  


*Comunicadora Centro de Fe y Culturas